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Agresión verbal

Con agresión no hay educación

“Vais a sudar sangre, dais asco”… con estos insultos daba comienzo hace unos días una noticia sobre agresión verbal de un profesor hacia sus alumnos, en la provincia de Málaga.

 Esta información debe ser investigada y ya está en manos de los profesionales para contrastarla. No obstante, hechos así deben hacernos reflexionar sobre la incompetencia de muchos docentes para dar clase. ¿Quién tiene la culpa de esto? Está claro que los alumnos no, pero si son ellos quienes sufren los ataques, desmotivación, burlas constantes… Me pongo a pensar, ¿y de verdad hay derecho a soportar este tipo de actitud por parte de los profesores? ¿Con qué motivos abusan de la autoridad de ser profesor para semejantes actos?

De la misma forma que en los centros educativos catalogan a los alumnos en un ranking a través del informe PISA, las cuales lejos quedan de evaluar todas las competencias necesarias en la vida, ocurre lo mismo con la obtención de una plaza en un centro educativo. Es cierto que tienes que estudiar durante mucho tiempo un temario, pero al final te enfrentas a examen escrito, en el que te juegas pasar a la siguiente prueba, que es la exposición oral, dónde tampoco se puede demostrar lo que eres capaz de hacer como profesor, pues tan solo cuentas con un tiempo limitado y los nervios pueden jugar una mala pasada. Pero lo que quiere transmitir, es que en esta prueba prima el conocimiento memorístico, si no consigues redactar un tema con una fuerte carga teórica, no tienes opción de pasar de prueba y por lo tanto, ante los ojos del estado, no has aprobado las oposiciones y obviamente no eres apto para dar clase. Me pregunto yo… ¿acaso te permite esos contenidos actuar debidamente? Te dan información pero no práctica, mucho menos vocación.

La comodidad es lo que mueve el país, el deseo de tener un puesto fijo a toda costa rechazando tus propias preferencias profesionales. Esto ocurre con muchos de los profesores, quienes estudian una materia concreta tal como biología o matemáticas, pero no por el deseo de acabar dando clases de eso. Sin embargo, por conseguir una estabilidad acaban accediendo a oposiciones y consiguiendo un puesto en centros educativos, pero a cambio de qué? A cambio de prácticas obscenas como las que vemos en el artículo?

La administración debería examinar detenidamente las plazas de los profesores, un buen profesor no es aquel quién aprueba unas oposiciones, sino quién día a día lucha por sus alumnos, por facilitarles el trabajo, despertar en ellos el deseo de aprender y la curiosidad de investigar, sobre todo contribuir a su educación. Esto último no se consigue humillándolos verbalmente…

http://www.diariosur.es/costadelsol/201602/28/vais-sudar-sangre-dais-20160227225006.html

Maricielo Valenzuela 

Coordinadora de formación