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Educación emocional: sentir para aprender a vivir

Maricielo Valenzuela Lazo

Coordinadora de Fundación Aula Smart.

Tradicionalmente, en la estaller ingeligencia emocionalcuela se le solía dar más importancia a los contenidos que a la forma de adquirirlo, entre otras muchas cosas. Esto implica que las acciones más practicadas fuesen estudiar, memorizar, calcular, repetir, etc. Poco a poco se van introduciendo nuevas acciones, que van recobrando la importancia que siempre se le debió dar, tales como escuchar, hablar, debatir, pensar…. Necesarias para formar a nuestros alumnos, para ayudarles a forjar su propia identidad. Sin embargo, hay otras acciones que lejos quedan de estar integradas en las aulas y que se hace patente su necesidad en una sociedad como la que tenemos hoy día. Me refiero al cooperar, sentir, compartir, en definitiva, vivir.

Las emociones están directamente relacionadas con el rendimiento académico y el bienestar personal del alumno y del profesorado. El cómo nos sentimos con nosotros mismos influirá en nuestras relaciones con los demás, y por consiguiente en el aprendizaje.

A veces nos olvidamos de las emociones, de los sentimientos, del sentir de cada alumno y de los problemas que puede estar teniendo, y que le repercuten en su estado de ánimo. Nos olvidamos, que ese niño que tenemos enfrente y está cabizbajo puede estar

pasando por un mal momento, pero lo único que sacamos de todo esto es que ha suspendido el examen de matemáticas. ¡Ay, que pena!

Tenemos que ser consciente, que trabajamos con personas, con personas que sienten y padecen, que también tienen que aprender, pero ¿por qué no hacerlo de una forma significativa? ¿Cómo? Pues ofreciéndoles experiencias reales, aprendizajes vividos, despertando sus sentimientos.

Educar las emociones nos ahorraría muchos problemas y obtendríamos muchos beneficios. Sin ir más lejos, y un tema que lamentablemente se hace eco en las noticias con bastante frecuencia es el del acoso escolar. Esto se debe, entre otras cosas, a la incapacidad para gestionar el conflicto, la frustración, la rabia, envidia, etc., de forma efectiva y sin agresividad física o verbal.

Hoy en día, controlar las emociones es tanto o más necesario que aprender cualquier contenido. Pues al contenido podremos acceder a través de internet u otras fuentes de documentación, pero a las capacidades emocionales y sociales que se aprenden en la escuela y que se utilizan durante toda la vida no se pueden conseguir de ninguna otra forma.

La forma de conseguir un aprendizaje emocional mehrere bemalte Kinderhändees sencillo, no se necesita más que un entorno adecuado y propicio a la participación de todos los alumnos, un clima agradable y respetuoso, y una actitud armónica del profesor y los propios alumnos, propuestos, claro está, a involucrarse en su propio aprendizaje.

Una vez se consiga esto, se podrá ir incluyendo herramientas o recursos que harán más enriquecedor el trabajo de las emociones, como por ejemplo las nuevas tecnologías.