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Educación

Educar ¿Familia o escuela?

Maricielo Valenzuela Lazo

Coordinadora de Formación en Aula Smart

 

En el último post, muchos de vosotros me habéis comentado que para el desarrollo de las competencias se necesita también la colaboración de la familia. Cosa con la que estoy totalmente de acuerdo, no solo para eso, sino para muchos más aspectos. La relación entre familia y escuela es un tema que ya he tratado en otras entradas y que no me cansaré de defender, pues es necesario para conseguir los objetivos educativos, pero también personales.

Que no es fácil, también estamos de acuerdo. Uno de los motivos principales es   que para los padres son sus hijos y… ¡A mi niño que no me lo toque nadie! Y que para nosotros se tratan de alumnos. Alumnos con necesidades diferentes, las cuales hay que satisfacer, con características diferentes, las cuales hay que aceptar y formas de aprender diferentes, las cuales también hay que cubrir. Pero en definitiva son alumnos, y oye… A pesar del parecido existente entre un hijo y un alumno… Son percepciones diferentes, y eso no se puede evitar, diferentes pero ambas reales. Por ello, lo verdaderamente enriquecedor sería ampliar la mirada, compartir las dos formas de verlo en dirección a un mismo objetivo, educar.

Nos podemos encontrar muchos casos en los que padres y profesores se pasen la bola como si de una patata caliente se tratase, y unos por una cosa y otros por otra, y la casa sin barrer. Rompamos ya el mito de si los niños tienen que venir educados de casa, o si tienen que ser educados en la escuela. Porque en este caso es fifty fifty! Se necesitan de las dos partes para educar a un niño e incluso a veces no puede ser suficiente. Por lo visto, hay un proverbio africano muy famoso, el cual yo no había oído nunca, y ahora lo escucho muy a menudo. “Se necesita toda una tribu para educar a un niño”. Pues bien, inevitablemente los profesores tenemos que educar, ya que pasamos muchísimos horas con los alumnos. Enseñamos, sí, pero en la actividad de enseñar van implícita muchas cosas: ilusión, motivación, emoción… Si de verdad enseñamos, emocionamos. Si emocionamos, motivamos. Y creedme, entre una y otra, educamos.

Hasta que no concibamos a la familia y la escuela como dos mundos llamados a trabajar unidos por un mismo objetivo, perderemos muchos valores por el camino. Imaginemos que la familia y la escuela son dos ríos, cada uno lleva su trayectoria, pero sin embargo sus caminos se cruzan para desembocar el mismo lugar y abastecer de agua a todo un pueblo. Con esto me refiero, que cada parte, familia y escuela, pueden tener sus cosas, pero sin embargo coinciden en un mismo objetivo, educar, ¿para qué? Indudablemente… ¡Para ser persona!

Concluyo con una reflexión personal: Para que se adquiera una formación global y conjunta del niño, se le debe proporcionar unos buenos valores por parte de la familia y unos conocimientos adecuados de los profesores; asimismo, los profesores deben completar esos valores desde la escuela y la familia aportar algunos conocimientos.