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Educación

El nuevo rol del profesor

Con los nuevos planteamientos del sistema educativo preconizados por la actual Reforma, nace una nueva concepción del profesor, que dista mucho de ser el protagonista principal del aula, en la que él imparte el saber, a través de una estrategia fundamentalmente de transmisión oral y en la que el alumno juega un papel secundario, dado que se considera un mero receptor de ese saber.

Estos nuevos planteamientos han asumido una concepción del proceso de enseñanza-aprendizaje “constructivista”. Esta concepción se incardina en la práctica bajo tres ejes básicos de intervención en el aula:

  • El profesor es una persona que facilita al alumno situaciones de aprendizaje ricas y significativas
  • El alumno no es un agente pasivo de este proceso, sino un elemento que se implica y es capaz de construir su propio conocimiento ayudado del profesor.
  • El profesor es concebido como una persona reflexiva, racional, que toma decisiones que facilita el aprendizaje dentro del grupo.
  • El profesor un profesional que toma decisiones dentro de un equipo con el resto de sus compañeros y que diseña acciones para favorecer el desarrollo de los alumnos.

La actitud del profesor es muy importante, pues los alumnos no solo aprenden a través de los conocimientos, sino también de lo que ven. Los profesores enseñan más por lo que hacen que por lo que dicen, enseñan exactamente lo que son. Personalmente y recordando las palabras de Albert Einstein, considero que dar ejemplo no es la principal manera de influir en los demás; es la única. No puedes pedir que los demás sean algo que tú no eres o intentar que hagan algo que tú no haces, hay que empezar por cambiar las actuaciones de uno mismo, para lograr una mayor repercusión.

El profesor del siglo XXI

Deberíamos cuestionarnos, también, cuál es el mejor método para impartir las clases, pues en el aula conviven gran cantidad de alumnos y todos ellos tienen un estilo de aprendizaje diferente. En este caso, lo más importante es conocer a cada alumno e intentar favorecer a cada uno de ellos. Rescatando una frase muy conocida: “Para enseñar latín a John, más importante que conocer latín, es conocer a John” y haciendo referencia a lo comentado anteriormente, lo principal para enseñar a nuestros alumnos no es tener un manejo perfecto de las nuevas tecnologías o dar discursos sobre las materias, es conocerlos y saber qué hacer en cada momento para satisfacer sus necesidades.

No obstante, si continuamos con la dinámica de la clase tradicional, lo único que vamos a conseguir es que los profesores cada vez sean más prescindibles. Considerar la mera transmisión de conocimientos como una forma adecuada de dar clases hace que el trabajo de los docentes carezca de valor, pues hasta una máquina podría sustituirlo. Los profesores tienen el deber de ir más allá, de educar, además de enseñar. Si obviamos este detalle, nos encontramos con un modelo de educación como enseñanza, donde los profesores olvidan que la escuela también socializa e introduce a los alumnos en la sociedad y en las normas de convivencia. Esto no puede hacerlo una máquina, por ello se necesita la figura de un docente que se comprometa con su labor, que enseñen a sus alumnos a pensar, que les ofrezcan criterios para discernir, para respetarse unos a otros.

Pienso que es necesario un cambio en la concepción de la educación, aunar los objetivos para que todos luchemos por lo mismo. En lugar de seguir repitiendo los mismos errores, o quejarnos de lo mal que lo hace el de al lado, deberíamos centrarnos en cambiar cada uno, para que así cambie la sociedad.

“Todos quieren cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo”.

Maricielo Valenzuela 

Coordinadora de formación