Fundación AULA_SMART® | La escuelita del bosque 1228
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La escuelita del bosque

Cuenta la historia que, en una ocasión, los animalitos del bosque decidieron reunirse para ver la forma de protegerse del lobo. Al cabo de varias sesiones de trabajo, se llegó a la conclusión de organizar una escuela en donde todos los animalitos pudieran aprender las diferentes maneras que se podían utilizar para escapar del temido depredador. Al principio de la primavera, los animalitos acudieron a una parte del bosque lo suficientemente segura y escondida para iniciar las clases. Ahí tenemos, entonces, que la rana fue la encargada de dar las clases de natación. El topo, el conejo, el mapache, la ardilla y y otros animalitos del bosque esperaban temerosos la hora de meterse al agua. La rata dió instrucciones con mucha paciencia de la forma en que se debía nadar. Cuando ya estaban el agua, algunos de los participantes tuvieron ciertas dificultades para mantenerse a flote, mientras otros se preocupaban por no meterse en los profundo del estanque por temor a hundirse y, por ende, a ahogarse. El topo fue el encargado de dar las clases de excavación. Con sus largas y duras uñas, hizo algunas demostraciones de cómo hacer hoyos profundos en poco tiempo. Si el lobo atacaba de improviso, tenían apenas algunos segundos para hacer un hoyo lo suficientemente profundo en tierra suave para poder ponerse a salvo. Algunos de los participantes tuvieron serios problemas para hacer los hoyos en el tiempo requerido y otros se concentraron en no lastimarse, como fue el caso de la rana, que evitó maltratarse sus membranas a la hora de extraer la tierra. La ardilla fue la encargada de dar las clases sobre las formas de trepar a los árboles en el menor tiempo posible. Los troncos de algunos árboles mantenían cierta dureza que se ajustaba perfectamente a las patas de la ardilla. Algunos de los participantes tuvieron dificultades a la hora de trepar a los árboles, por ejemplo, las uñas le estorbaban mucho al topo a la hora de tratar de escalar y eso hacía que se cayera en repetidas ocasiones. El conejo fue asignado para dar las clases de atletismo. A través de brincos y movimientos rápidos, el conejo dio su propia perspectiva de cómo escapar del ataque del lobo de una manera aparentemente sencilla, con ciertos esquivamientos y cambios de dirección. La rana tuvo algunos problemas porque no podía correr tal cual y sus saltos, aunque largos y rápidos, no eran suficientes para avanzar grandes distancias en poco tiempo. El topo tampoco fue muy diestro en sus intentos. Sin embargo, su destreza se dejó ver un poco más que en otros animalitos. Pues llego un día en que, a punto de terminar los estudios, el lobo se apareció en la escuela secreta del bosque. Todos los animalitos corrieron como locos tratando de escapar. La rana estaba muy lejos del estanque, por lo que intentó trepar a un árbol. En su desesperado intento, el lobo la alcanzó y la devoró. El topo estaba cerca del estante y la tierra estaba convertida en lodo, por lo que no pudo excavar un buen hoyo por donde escapar, por lo que optó por arrojarse al estanque. Desafortunadamente, cayó en una parte profunda, y sin poder mantenerse a flote, terminó ahogándose. La ardilla, por su parte, al no encontrar árboles en donde treparse, intentó internarse al bosque en búsqueda de un árbol alto y seguro. El lobo la atrapó en su intento, y también la devoró. El conejo ignoró el estanque, ignoró la tierra blanda e ignoró los árboles. Sin dudarlo dos veces, se apresuró a poner todo su empeño en correr y saltar lo más rápido posible. Cuando el lobo reparó en él, le fue imposible darle alcance, por lo que el conejo fue uno de los pocos sobrevivientes al ataque, y fue el que sobrevivió para contar esta historia.

La conclusión que sacamos de esta historia es que si evaluamos a los alumnos por un estilo de aprendizaje que no es el suyo, seguramente suspenderá. Si intentamos evaluar la capacidad de la rana por trepar un árbol, en este caso como hemos visto, fracasará. Sin duda alguna, será la mejor nadando en el estanque, porque eso favorece su estilo de aprendizaje. Esto es lo que ocurre en las aulas, intentamos evaluar a todos los alumnos por igual, con un mismo método, cuando cada uno de ellos es diferente. Cada alumno tiene su propio estilo de aprendizaje, y por lo tanto debe tener un estilo de evaluación individualizado que atienda sus necesidades específicas.

Todos somos genios. Pero si juzgas a un pez por su habilidad de trepar un árbol, vivirá toda su vida creyendo que es estúpido. (Albert Einstein).