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Educación

Una mirada al pasado... nos hace ver que casi nada ha cambiado

Maricielo Valenzuela Lazo.

Coordinadora de formación en Aula Smart.

Recuerdo cuando mi abuela me contaba que rara vez pisaba la escuela, quizás una vez al mes, con suerte dos, pues en aquellos tiempos había que trabajar y la escuela estaba en un segundo plano. En ese sentido la educación ha cambiado bastante, pues hoy día la escolaridad es obligatoria, y todos los niños y niñas tienen derecho a la educación.

Sin embargo, hay más cosas que mi abuela me contaba como por ejemplo que se sentaban de dos en dos mirando al profesor, atendiendo en silencio pues él era la fuente de todo conocimiento, y ellos no tenían nada que aportar. No sé hasta qué punto ha podido cambiar este aspecto referente a la educación de hoy en día. Aunque somos muchos los que defendemos una educación innovadora, haciendo partícipes a los alumnos de las actividades, que sean los protagonistas de su aprendizaje… a veces se queda solo en palabras. Es cierto que no es tarea fácil, tampoco imposible, pero debemos actuar ya, no podemos seguir con la metodología de antaño, con las mismas prácticas educativas cuando está claro que la sociedad ha evolucionado y las necesidades de las personas también.

Se está muy a gusto en la zona de confort, que difícil resulta salir de ella. Que trabajo cuesta pasar las tardes preparando las clases del día siguiente. Que complicado tener que quebrarme la cabeza ahora preparando un método de evaluación que se ajuste a las necesidades de mis alumnos, con lo cómodo que es imprimir el examen que proponen en el libro del profesor. Ofú, que la niña de la última fila no ha aprendido aún a sumar, ¿ahora tengo que ingeniármelas yo explicándoselo de otra forma? ¡¡Pero si el resto de la clase si ha aprendido con mi súper método de los garbanzos, eso es que la niña es muy lentita!!

Esto, aunque parezca mentira, es bastante común. Creo que siendo docentes no debería parecernos tan raro preguntar. Si, hacer preguntas, en vez de pasarnos horas hablando. ¿Por qué no preguntamos a nuestros alumnos qué quieren aprender? ¿Qué les gustaría hacer? ¿De qué les gustaría que le hablásemos? Algo tan sencillo puede provocar cambios inimaginables en sus aprendizajes, y en nuestras prácticas docentes.

Además, a nosotros mismos no nos importa pasarnos horas recorriendo las tiendas de IKEA buscando decoración y organización para nuestras cosas, pero no somos capaces de redistribuir las aulas. Un simple cambio en la organización de los pupitres nos puede aportar infinidad de métodos de trabajos, de nuevas actividades y algunas de ellas tan simple como el conversar y debatir. "Basta ya de vernos los cogotes unos a otros, ir de cara nos ayudará mucho más en nuestro futuro". Pongamos en práctica estos dos métodos y veréis como la cosa empieza a cambiar…