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09 febrero, 2019

Aquí se canta, se baila y se actúa (a la vez)

Más de una decena de escuelas de Madrid se han especializado en formar actores de teatro musical para nutrir una industria que no para de crecer

Entre casas de apuestas, fruterías y tiendas de electrodomésticos, las melodías de Broadway vibran con fuerza en el barrio de Vista Alegre. Salen de las gargantas de los niños que acuden cada semana a la escuela de artes escénicas Marand. Allí estudian canto, danza e interpretación, las disciplinas que deben dominar para convertirse en actores de teatro musical. Muchos de estos jóvenes, de hasta 18 años, son estrellas: se suben, dos noches por semana, lo máximo que permite la ley, a los escenarios de los grandes títulos de la Gran Vía, como El Rey León o Anastasia. Simbolizan el futuro de un género que crece en la capital y que cada vez necesita profesionales mejor formados. Muchos también completarán su formación, cuando sean mayores de edad, en alguna de las escuelas, tanto públicas como privadas, especializadas en el género. Hoy son más de una decena entre las que imparten títulos oficiales como la RESAD o Scaena, las que instruyen desde los primeros años de vida como Marand, las que han nacido de la iniciativa de figuras como María Beltrán o Coral Antón, las que surgen de la necesidad de las productoras de formar a sus actores, como Jana o la escuela de Billy Elliot y también las creadas por profesionales en busca de un negocio acorde con sus pasiones como Bohemiam Bocanegra Rhapsody Music, Acting o Actem School.

Marand lleva 16 años formando a niños artistas. “Les damos las herramientas para que puedan culminar sus estudios artísticos con solvencia de adultos”, afirma Carmen Márquez, una de las fundadoras. Por sus aulas han pasado los niños de Sonrisas y lágrimas, El médico o La Voz Kids. Marand es una de las más antiguas de Madrid, junto a Bohemian Bocanegra Rhapsody Music para mayores de edad, abierta en 2005. Ambas surgieron cuando no había mucha oferta educativa en el ámbito. “En aquel momento no había tantos musicales en cartel ni tantas escuelas. Estaba Memory y alguna otra que ya han desaparecido”, explica Narciso Tenorio, director de Rhapsody, en Puente de Vallecas. Memory empezó en Barcelona en 1994, donde sigue, y poco después se instaló en Madrid. Llegó a convertirse en una referencia en ambas ciudades. En aquel tiempo, la escasez de centros llevaba a los artistas a picotear cursos en diferentes academias. Unos procedían del conservatorio de música, otros del de danza y unos cuantos se habían formado en alguna escuela de interpretación, pero ninguno encontraba un centro en el que combinar las disciplinas. “Se hacía necesario, por tanto, configurar una educación específica”, explica Cristina Bernal, profesora de interpretación en Teatro Musical en la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid, en el distrito de Retiro.

Desde 2011 el centro imparte la titulación oficial de Arte Dramático en la especialidad de Interpretación, itinerario Teatro Musical. “El auge del género en España fue el motor”, afirma Pablo Iglesias Simón, director de la RESAD. El plan de estudios comprende cuatro años de formación teórica y práctica que incluye, además de las tres disciplinas básicas, Historia de las Artes Escénicas, Pedagogía y Producción y Gestión. Estos estudios oficiales también pueden cursarse en SCAENA, la escuela de la reputada coreógrafa y exbailarina Carmen Roche, en Guindalera. “Nuestra oferta es integral aunque ponemos especial énfasis en la danza y en la expresión corporal”, asegura Laura Rodríguez, jefa de estudios. Para acceder, los aspirantes deben haber superado Bachillerato o la prueba a la Universidad para mayores de 25 años.

Esta temporada se han estrenado más producciones de gran formato que nunca, incluidos varios musicales de creación propia, y la próxima promete interesantes montajes nuevos como Ghost, La jaula de las locas y algún otro gran título de Broadway. Se codearán, con toda seguridad, con los veteranos Billy Elliot y El Rey León. Este último sigue batiendo récords en la capital con ocho temporadas ininterrumpidas. Algo inédito. Las producciones, más ambiciosas y complejas, requieren profesionales mejor formados. Es el caso de Billy Elliot, cuyos protagonistas infantiles deben manejar con soltura el ballet clásico, el claqué, además de cantar e interpretar. Por ello la productora creó una escuela, en colaboración con SCAENA, en la que niños con potencial son becados. Ahora también abrirá sede en Barcelona. “En los casting encontramos muchos jóvenes con mucho talento pero con algunas carencias”, explica Juan José Rivero, productor del show.

Esa falta de coordinación entre las diferentes habilidades que debe manejar el actor de musicales es lo que ha movido cada vez a más docentes. “Cuando abrí mi escuela en 2012, sentía que había que mejorar el nivel de los ejecutantes”, comenta la artista y maestra Coral Antón. La actriz argentina afincada en España, María Beltrán, comparte la opinión. Inauguró su escuela en 2011 en la plaza de Matute, en Huertas, porque empezó a perder alumnos. “Mis estudiantes de canto se marchaban a otros lados porque querían bailar e interpretar, así que recluté a varios profesionales en activo”, explica Beltrán, que ha elaborado un manual de canto e interpretación para sus alumnos. “Busco que sean funcionales e integrales, que interpreten bailando y canten interpretando”, propone. Un año de formación, asegura, es suficiente para lanzarse. “Luego hay que perfeccionar”, añade. El precio de estos cursos de teatro oscila entre los 2.000 y los 3.000 euros al año y la edad de los alumnos, entre los 17 y los 30 años.

La escuela TAI, en el barrio de Salamanca, ofrece un master de un año con esa misma filosofía, aunque también dispone de una diplomatura de dos años más uno de master. Acting, cerca de Argüelles, tambiénpropone cursos anuales. Todas las escuelas crean grupos reducidos. “Es imposible dar una buena formación en clases de más de 15 personas”, asegura Patricia Chávarri, directora de Acting. “Empecé con cuatro alumnos y ahora tenemos más de 30”, apunta esta actriz y periodista. “Desgraciadamente muchos se quedan fuera”, afirma Javier Muñoz, director de Jana, en Guindalera. En la RESAD solo admiten 14 alumnos nuevos cada año. “Valoramos más las aptitudes y la predisposición que los conocimientos previos”, confiesa Cristina Bernal.

El actor Omar Antxundia cuenta con un grupo reducido de alumnos. Este madrileño de 32 años es el fundador de la Asociación de Teatro Musical ACTEM, que organiza conferencias y cursos sobre el género. Antxundia creó su escuela cuando muchos de los asistentes a estos cursos se lo solicitaron. “Me dijeron que les gustaba mi método y querían formarse conmigo y con Gonzalo Fernández, músico que trabaja en Anastasia y mi socio”, explica. Imparte las clases en un aula de alquiler en Marqués de Vadillo. “Es una manera más flexible de crear una escuela cuando no dispones de recursos”, añade. Antxundia, formado en Madrid y becado en Nueva York durante un año, cree que hay que mirar más hacia los métodos de Broadway y Londres. También lo creen muchos estudiantes que, cuando el bolsillo lo permite, complementan su educación en los países anglosajones. Las escuelas españolas juegan un papel importante en ello, pues entrar es difícil. “Ayudamos a muchos a prepararse las pruebas de acceso a esos centros", asegura María Beltrán. "Y por ahora con éxito", finaliza la actriz y profesora. Así se enriquece la industria española para que sigan vibrando por toda la capital, en teatros y escuelas, las melodías de allí, y las que, cada vez con más frecuencia, se componen aquí.

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Fuente: EL PAÍS - EDUCACIÓN