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10 febrero, 2019

Educación de muchas clases

El plazo de prematriculación para el curso escolar 2019-20 ha comenzado en algunas comunidades autónomas y en otras lo hará próximamente. Para las escuelas ha llegado el momento de abrir las puertas y mostrar a los padres sus excelencias educativas y sus mejores sonrisas. A sus potenciales clientes les ofrecerán una variada gama de metodologías, todas ellas dirigidas a hacer de sus niños seres mejores, bien educados, capaces de pensar por sí mismos, con grandes valores y unas competencias que les permitirán triunfar en el cambiante mundo del futuro casi sin despeinarse.

Basta con mirar en internet los proyectos educativos de los centros docentes para descubrir que para alcanzar un mismo objetivo hay muchos caminos diferentes. Un colegio ofrece «acompañamiento emocional» a los alumnos y sus familias para que sean capaces de «gestionar las propias emociones». Otro se basa en las inteligencias múltiples o«aprendizaje significativo desde diferentes formas e inteligencias». Otro da fe de su «creencia absoluta de que el niño puede desarrollar mejor sus capacidades y valores en la medida en la que el ambiente social en el que se desarrolle sea apto para su aprendizaje», lo que no deja de ser una obviedad pero da gusto leerla, sobre todo si el colegio es privado.

Algunos prometen el «desarrollo individual» del alumno, pedagogías «fundamentadas en el amor» o recuerdan que «el centro de la educación es el niño»; unos no ponen deberes, otros sí; unos derriban paredes para eliminar las aulas, otros diseñan programas de enseñanza para permitir «un desarrollo controlado del cerebro». Y siempre el niño es lo primero, nada es poco para ellos, para su educación integral.

Cada vez hay más sistemas para lograrlo. Están las metodologías de siempre, pero esas han quedado un tanto anticuadas, o eso dicen. Lo que se lleva es la innovación, porque nada mejor que innovar para tener más alumnos. «Hay una fiebre para ver quién saca la palabra más nueva», dice el maestro y filósofo Gregorio Luri. Se habla de neuroeducación, de inteligencias múltiples o emocionales, de conceptos que ofrecen muchas escuelas con el añadido de innovadores o alternativos. Algunos funcionan, pero otros no. La pega es que es difícil saberlo, al menos de forma contrastada. «En educación tenemos que empezar a basarnos en evidencias científicas y no en meras ocurrencias», afirma Luis Lizasoain, profesor de Métodos de Investigación en Educación en la Universidad del País Vasco.

La ausencia de evidencias no supone ningún freno para el avance de una moda, la de métodos pedagógicos que esgrimen la bandera de la modernidad. «Vivimos en un momento en el que lo innovador vende y lo tradicional no vende. Lo nuevo ha usurpado el papel de lo bueno cuando lo que debemos de acoger es lo bueno, porque igual el diálogo socrático es un buen método para pensar», asegura Gregorio Luri. Para este maestro, «las escuelas se han convertido en un producto comercial» que se adapta a unos padres deseosos de dar a sus hijos la mejor y más moderna educación posible. Guiadas por este interés, muchas familias «se dejan engatusar por métodos supuestamente infalibles, casi milagrosos, o por la última moda en la enseñanza», sostiene Alberto Royo, profesor de instituto y autor del libro 'Contra la nueva educación'.

El descenso de la natalidad ha hecho mella en abundantes colegios, sobre todo concertados y privados, que dependen de su número de alumnos para financiarse. «Muchos centros que han sido una referencia en sus ciudades han pasado de un año para otro de tener las aulas llenas a encontrar dificultades para llenarlas», señala Marta Ferrero, psicopedagoga e investigadora en la Universidad de Deusto. Para hacer frente a las adversidades, se ven obligados a «desmarcarse de los demás con nuevas instalaciones o métodos pedagógicos. Cuando miras sus proyectos, siempre hay algo nuevo aunque no tengan pruebas de si funciona o no».

Marta Ferrero matiza que «la gran mayoría de los equipos directivos aplican estas novedades con la mejor de las intenciones», amparados en el visto bueno de fundaciones educativas y universidades. Por desgracia, este paraguas académico no siempre es lo que parece. «En muchas facultades de Magisterio el nivel de exigencia es muy bajo y la educación, insuficiente. A menudo enseñan contenidos más que cuestionables», asegura la investigadora. Pero da igual; lo que importa es lo nuevo, lo que se lleva.

Hay varios métodos que pisan fuerte estas últimas temporadas. Uno de ellos es la teoría de las inteligencias múltiples, que se basa en la idea de que todos poseemos ocho formas de aprender, unas más desarrolladas que otras, según las personas. Esta teoría, que se ha extendido por España y se enseña en algunas universidades, pretende potenciar todas esas capacidades y trabajar en las más sobresalientes de cada alumno. Según Ferrero, «su aplicación en las aulas se ha evaluado de forma reiterada y se ha comprobado que no mejora el aprendizaje de los alumnos».

«En educación tenemos que basarnos en evidencias» Luis Lizasoain (UPV/EHU)

«Lo innovador vende. Lo nuevo ha usurpado el papel de lo bueno» Gregorio Luri (Maestro y filósofo)

«Muchas familias se dejan engatusar por la última moda en la enseñanza» Alberto Royo (Profesor y escritor)

Esta evidencia científica no ha impedido que muchos padres de niños con problemas de aprendizaje o trastornos importantes depositen sus esperanzas en este método. «Su mensaje es muy atractivo, porque les viene a decir que sus hijos no son menos que los demás y pueden destacar en otras facetas.Si esto ha servido para crear consuelo en muchas familias y para que los docentes hayan empezado a mirar a los niños de otra manera, me parece perfecto, pero en lo que no estoy tan de acuerdo es en aplicar esta teoría en el aula, dado que no hay pruebas de su eficacia», argumenta Ferrero.

También está muy de moda la neuroeducación, que fusiona los conocimientos sobre neurociencia, psicología y educación para optimizar el proceso de enseñanza y aprendizaje. Este método, basado en el concepto de plasticidad cerebral, ha sido acogido con entusiasmo por parte de la comunidad educativa a pesar de que aún está por ver cómo se aplica. «Cualquier propuesta pedagógica cuya denominación comience con el prefijo 'neuro' tiene grandes posibilidades de dar beneficios, que es lo que se espera de un método, pero los propios neurocientíficos, los que son serios, piden prudencia ante la aplicación de estrategias no contrastadas. Que se sepa más que antes de neurociencia no significa que sepamos de qué manera lo que se sabe puede mejorar nuestra práctica educativa», afirma Alberto Royo.

El aprendizaje por proyectos, en el que se sustituyen las clases magistrales por la resolución de problemas de manera activa, surgió en 1918 en el ámbito universitario de Estados Unidos y poco a poco se ha ido extendiendo a los niveles inferiores de la enseñanza. SegúnMarta Ferrero, es un sistema que «ha dado buenos resultados» en las edades más altas, pero no en las más bajas. «Este método, que se usa habitualmente en edades tempranas, está desaconsejado precisamente en esas primeras etapas», advierte Alberto Royo. «Tampoco funciona en alumnos con dificultades, porque resulta insuficiente a la hora de enseñar los conocimientos básicos»,añade.

Sergi Sanmartí, profesor de la Fundación Pere Tarrés y de un colegio de Barcelona, no está del todo de acuerdo con este diagnóstico. «Mis dos hijas han estudiado desde los tres años en un centro de enseñanza por proyectos y no han tenido ninguna dificultad», explica el docente, que también imparte clases sobre creatividad, inteligencia emocional, motivación, dinámicas de grupo o desarrollo de la atención. En lo que sí coincide con Royo es en la convicción de que este sistema puede perjudicar a alumnos con dificultades. Pero para eso está el maestro. «Si no tiene el apoyo suficiente, este niño sí se puede perder algo. Es como en todo, cualquier innovación tiene que tener un seguimiento».

Un método de alcurnia es el Montessori. Nació a principios del siglo XXy, a pesar de su edad, aún se le considera como alternativo o innovador. Tiene una aureola de prestigio amparada en parte por los ilustres alumnos que han pasado por sus aulas. Con este sistema se han educado personalidades como los fundadores de Google, Amazon y Wikipedia, Larry Page y Sergey Brin, Jeff Bezos y Jimmy Wales. A esta lista se le añadió hace tres años el príncipe George, hijo de los duques de Cambrigde.

En este método, los maestros se llaman guías y son los encargados de acompañar a cada alumno en su carrera educativa. Los niños tienen a su disposición un entorno estimulante que les permite desarrollar su propio camino de aprendizaje siguiendo su curiosidad innata. Es un sistema que funciona, el problema es saber por qué.

«En educación hay un principio general, y es que siempre que encuentras un grupo de profesores convencido de que su método es bueno, los resultados son espléndidos», explica Gregorio Luri. Según este principio, el éxito de un colegio no depende tanto de las bondades de la metodología que utilice como de la cohesión del claustro de maestros. Y también está por ver si Montessori sería eficaz en entornos desfavorecidos. Marta Ferrero recuerda que la oferta de este sistema «se reduce a colegios privados con alumnos con un nivel socioeconómico alto». «Yo no digo que no sea eficaz, pero hace falta investigar más para ver dónde y cómo se puede aplicar», aduce.

Luis Lizasoain insiste en que el sistema educativo «necesita innovación porque está anquilosado», pero sostiene que «hay que hacerlo con fundamento, basándonos en la evidencia». «Lo grave –responde Alberto Royo– es que algunos de estos métodos que no están respaldados por la evidencia se aplican en alumnos con dificultades más específicas».

Los padres de niños pequeños son más propensos a abrazar una serie de metodologías que Ferrero califica de «mágicas». Una de ellas es el método Doman de estimulación temprana, que se basa en unas láminas de papel donde se plasma lo que se quiere enseñar al bebé, desde palabras a sumas. Este sistema viene acompañado de programas perceptivo-motrices en los que el niño practica movimientos de reptación, gateo o coordinación. Nació en los años 40 del siglo pasado y se aplicó en un principio a la estimulación de personas con parálisis cerebral.Fue más tarde cuando se extendió a la enseñanza infantil. «No ha dado muestras de ser eficaz, es un método simplón que no tiene ninguna base y supone una pérdida de tiempo impresionante», censura Ferrero.

El método Tomatis se sustenta en la estimulación cerebral a partir de sonidos. A los niños se les hace escuchar con auriculares música clásica tratada electrónicamente, voces familiares o sonidos distorsionados, y se supone que lo que oyen contribuye a hacer que desaparezcan sus problemas. Marta Ferrero asegura que este sistema, del que han surgido otros similares, «no tiene lógica ni razón de ser», como tampoco lo tienen, en su opinión, otros métodos como el Brain Gym, el Asiri o el Irlen.

«El director de un colegio de Madrid me dijo que había prohibido a sus maestros innovar porque cada semana le venía uno con una idea y al final nadie evaluaba los resultados», recuerda Gregorio Luri. «Cuando una escuela se rinde a la moda –añade– es que ha dejado de creer en ella misma». Sergi Sanmartí también cree que «no es bueno moverse por modas; cuando coges una cosa de aquí y otra de allá, el resultado es cero». Aunque no se cierra a aprovechar lo bueno que ofrece cada método. «En mi colegio hemos cogido una serie de herramientas diferentes y tratamos de implementarlas a nuestra manera. Hemos mezclado todo y es lo que tendría que hacer cada escuela, presentar un programa pedagógico adaptado a cada alumno».

Para Ferrera, la proliferación de métodos es un reflejo de la desorientación que vive el mundo de la enseñanza. «Por supuesto que la educación de hace cuarenta años era mejorable, pero derribar todo y partir de cero con nuevas propuestas, muchas basadas en percepciones, es peligroso y no permite avanzar». Lo que ocurre, según Gregorio Luri, es que en muchos colegios hay «pánico a ser una escuela tradicional». Y así es fácil caer en el primer método que llame a la puerta. «Estamos en la era de la poseducación, de las metodologías 'fast-food' o de la 'fake education'», advierte Alberto Royo.

Fuente: DIARIO SUR