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21 febrero, 2019

Un Estado de EE UU, en jaque al no aparecer el ganador de 1.537 millones de la lotería

Carolina del Sur había contemplado a final de año unos ingresos fiscales de 61 millones por el cobro del premio. El afortunado aún tiene hasta el 19 de abril para reclamar el dinero

Cuando Simpsonville, un pueblo rural de Carolina del Sur, supo el pasado octubre que uno de sus 20.125 habitantes era el ganador de 1.537 millones de dólares, se armó una revolución. Al KC Mart de Greenville, donde se había vendido el segundo bote más grande de la historia en Estados Unidos, llegaron decenas de cámaras, periodistas y curiosos. El día de la noticia C. J. Patel, el dueño del local, destapó una botella de champán y le prometió a sus cuatro empleados que repartiría con ellos la tajada correspondiente por vender el gordo. El gobernador y los legisladores cerraron el presupuesto de 2019 contemplando 61 millones de ganancias tributarias que implica ser el Estado que entrega el premio. Pero ya han pasado casi cuatro meses y aún nadie reclama el elefantiásico premio. Y sin ganador, no hay impuestos extra.

Desde que Mega Millions, la empresa de la lotería, anunció el 24 de octubre de 2018 que se había vendido el boleto, los 180 días para presentar y reclamar el premio han ido pasando. Todavía faltan un par de meses para que se agote el plazo, el 19 de abril, y el jugador pierda la oportunidad de cobrar los 1.537 millones de dólares (1.350,7 millones de euros) desglosado en cuotas durante 30 años o los 878 millones de dólares del tirón. Aún puede mantener el anonimato de todas formas. El que está siguiendo de cerca esta historia es Henry McMaster, el gobernador de Carolina del Sur. McMaster y los legisladores del Estado diseñaron los presupuestos de este año contemplando los 61 millones de dólares que tendría que desembolsar el ganador en impuestos estatales sobre la renta y otros tributos.

El KC Mart de Greenville está ubicado entre acres de tierra de cultivo y un campo de golf. Entre los que cogieron el coche para visitar la afortunada tienda, varios dijeron saber quién era el ganador. Lo decían bajando la voz, evitando el contacto visual y con una actitud de “aquí te lo digo y aquí te lo niego”. Los primeros días, unos escucharon que el ganador era un inmigrante alemán. Otros, que se trataba de un joven ingeniero. Varios habían leído la historia publicada en Facebook por un trabajador de una fábrica de transmisiones que aseguraba haber visto a un compañero revisar por la mañana los números de su boleto de la lotería, coger sus cosas y salir sin mirar atrás. Incluso algunos decían que ese obrero había comprado el boleto entre varios, y que en un acto de egoísmo había abandonado la ciudad sin decirle nada a sus amigos. Pero nada de eso era cierto. El nuevo millonario sigue siendo un misterio.

Una de las reglas de Mega Millions es que los 44 Estados que participan del sorteo, cuando reciben el dinero por haber vendido el boleto ganador tienen que destinar por ley una partida —en este caso 11 millones de dólares— únicamente en educación. Si destinaran los 61 millones a ese ámbito podrían aumentar un 2% el sueldo a todos los profesores de Carolina del Sur, según cálculos de AP.

Las esperanzas se van esfumando. Al menos en el territorio político. Los legisladores todavía están trabajando en el presupuesto final y el director ejecutivo de la Oficina Estatal de Ingresos y Asuntos Fiscales, Frank Rainwater, reconoció que lo más razonable es no contar con el dinero —del todavía ganador desconocido— y que no se declare en el plan de gastos. "Creo que era razonable incluir el dinero en noviembre. Pero han pasado dos tercios o tres cuartas partes del camino y todavía no se ha cobrado", lamentó Rainwater.

Fuente: EL PAÍS - EDUCACIÓN