Noticia
24 octubre, 2018

“Cuando la lectura deja de ser por libre elección y afición, se convierte en una losa pesada”

La Biblioteca Pública de Guadalajara no deja de sorprender a conciudadanos y llegados de otras latitudes con su propuesta cultural para abuelos, padres, madres y menores

Llega el otoño y las bibliotecas públicas renuevan sus servicios a las familias. Es el caso de una de las entidades referentes en España en este sector, la Biblioteca Pública de Guadalajara, que desde principios de los años ochenta del pasado siglo no deja de sorprender a conciudadanos y llegados de otras latitudes con su propuesta cultural para abuelos, padres, madres y menores. Una opción para amar la lectura para menores y adultos en este Día de la Biblioteca.

Durante el estío cambia la programación del resto del año por una de temporada basada en talleres que fomentan la escritura y la cultura en los pequeños como nos comenta su director, Jorge Gómez: “Tenemos la Jornada Fin Express, que consiste en transformar la biblioteca en un escenario de rodaje. Por la mañana se juntan personas que participan en el taller desde jóvenes de 6 años a adultos, y se produce un rodaje. Elaboran guiones, interpretan papeles, se encargan de la producción de un cortometraje. Al final de la jornada se puede montar e incluso estrenar.

Otro taller es de Periodismo infantil para acercar a niños entre 8 y 12 años a la redacción de un periódico: seleccionar las noticias, verlas desde un punto de vista crítico, redactarlas, maquetar el diario. Siempre intentándole dar un contenido informativo y cultural. O un taller de Teatro en familia en el que participa un menor con un adulto, y aprenden los primeros pasos en el mundo teatral: expresión oral, expresión artística y corporal”.

La adolescente Carla Galindo ha crecido desde su niñez rodeada de un ambiente familiar que fomenta la lectura y otros hábitos culturales. Sin imperativos de sus mayores, fue captando la riqueza de leer y empezó a bucear entre libros de sus padres y de la biblioteca de su abuela. Ahora, como millones de jóvenes de su generación, tiene a mano una biblioteca global que le ofrece Internet.

Desde la perspectiva de Galindo las oportunidades están “en disponer junto a casa de un Centro Cultural con biblioteca. La uso porque me gusta el libro en papel, y aporta mucho al lector porque tienes disponibles muchas obras. El hecho de irlo a buscar, de mirar en las estanterías, de devolverlo, te lo hace personal”. En cambio, ella como otros adolescentes también ve el matiz negativo que hay en nuestro tiempo: "la barrera que en los propios centros educativos se establece entre los niños y los textos obligándolos a leer. Cuando la lectura deja de ser por libre elección y afición, se convierte en una losa pesada".

La propia Galindo nos transmite las opciones que aporta su generación para que los menores vuelvan a sentir los libros como compañeros cotidianos: “Tiene que salir de uno mismo, tener inquietudes y querer descubrir cosas. Cada libro que lees es como una nueva aventura. También ha de salir de tu familia que te lo inculque sin obligación, sino como una manera de pasarlo bien y disfrutar”.

La Biblioteca de Guadalajara fue la primera en crear clubes de lectura en España hace ya casi cuatro décadas. Cuenta con cuarenta para todas las edades, y en varias lenguas: español, inglés y francés. Pero ante la nueva temporada que ya ha comenzado este otoño ofrece una curiosa innovación que ya se experimentó el año pasado: las Jornadas de animación a la lectura, la tiza. ¿En qué se fundamentan?

Gómez nos describe que su filosofía y dinámicas están enfocadas en tres patas que vinculan todo el entorno de la lectura con todos los que participan: la biblioteca, el centro educativo, y la lectura en familia en casa. Habrá personas muy relevantes que animarán a vivir la cultura. Escucharemos a varias autoras que son Premios Nacionales de Literatura Infantil y Juvenil, o Premios Nacionales de Ilustración, para contarnos su trabajo, y cómo es el punto de vista del creador, de esa persona que genera contenidos para los más pequeños y para disfrutar la mayor parte de las veces en familia en el entorno del hogar. Se dirigirán a un colectivo muy heterogéneo: profesores, bibliotecarios, padres, madres, familias, personas de las AMPAS, para acercarles algo que no se ve tan de cerca: cómo puedo ayudar y fomentar el gusto por la lectura desde niños de cualquier edad hasta los jóvenes”.

Y es que cuando no se ha experimentado el disfrute de una buena tertulia entorno a una obra, se produce una sensación extraña entre quienes lo viven por primera vez. Una de las carencias de los sistemas educativos en nuestra época radica en transmitir información sobre las tertulias del siglo XIX o del primer tercio del siglo XX y en las que participaron literatos, científicos o artistas relevantes, pero no hacerles vivir a los adolescentes esa experiencia. Por eso a Galindo y a sus compañeros que han participado en el certamen literario nacional de relato corto, les ha sorprendido vivir una tertulia en plena Residencia de Estudiantes de la Institución Libre de Enseñanza. Aún se emociona la joven al revivirlo: “Nos venían escritores a explicarnos sus libros y a conocerles. Muchos de ellos convirtieron esos encuentros en tertulias para hablar de los autores y de las obras que habíamos leído, de los tipos de libros que nos gustan. Reunirse para mantener una tertulia entre jóvenes, puedes pensar que igual puede ser aburrido, sin embargo, yo que no había estado nunca en una, luego descubres que es amena y muy divertida. Aprendes porque te recomiendan lo que no conocías y te interesa. Ese tiempo que pasábamos entorno a libros y autores resultó muy grato”.

Otra de las peripecias que ilusiona a la juventud y a la infancia es vivir un día en un lugar emblemático. Eso lo viene ofreciendo la Biblioteca de Guadalajara desde hace unos años, abriendo su edificio palaciego del siglo XVI a familias y menores durante una noche. Es la Noche mágica de la biblioteca que se celebra cada 24 de octubre. ¿En qué consiste? “Invitamos a niños y niñas y a familias a pasar la noche en la biblioteca, que vengan a dormir con un saco y a descubrir lo que sucede en una biblioteca cuando cierra las puertas. Es algo muy llamativo, van pasando la noche en pijamas junto a sus padres, descubriendo lo que pasa en la biblioteca y que no puedo desvelar porque es secreto”, nos narra con complicidad su director. Desde hace 27 ediciones, el Seminario de Literatura Infantil y Juvenil con sede en la Biblioteca alcarreña celebra un Maratón de cuentos durante casi tres jornadas en junio que se ha convertido en un referente del género en el mundo. Reúne desde abuelos a nietos y familias durante las 24 horas del viernes a la tarde del domingo, creando una experiencia que sorprende a sus organizadores, participantes y espectadores.

Desde la óptica de Gómez: “Mucha gente cuando no conoce el Maratón nos pregunta si es un festival para niños, y desde siempre estamos negándolo. Pensamos que el cuento es mucho más universal y conquista a todos, de hecho, hay momentos para cuentos más infantiles, otros que no tanto, y en especial las noches que son para adultos en cuanto a lo que se narra en el escenario. Hay sesiones que encantan a niños que en teoría son para mayores pero les conmueve e interesa. Igual que muchos adultos disfrutamos de escuchar cuentos infantiles porque las historias cuando son buenas y están bien contadas, son universales”.

Esa universalidad es la que busca Carla Galindo cuando mira al mar y observa a la gente. Se fija en sus comportamientos, en el ambiente que se genera entorno a la arena y las olas marinas. Le resulta divertido. Y cuando regresa a su ciudad de Salamanca hace acopio de todo ese material recopilado para dar rienda suelta a su imaginación “imagino relatos con situaciones que me gustaría que sucedieran, y también otras que no quisiera que sucedieran, y las puedo plasmar a través de personas en las que las veo reflejadas. Es a veces también una forma de desahogarme”, así vive su incipiente vocación literaria la zagala.

El encuentro de la paz a través de la escritura tiene su cara complementaria: el hallazgo de ese sosiego mediante la lectura de un buen libro que ayude a calmar las inquietudes y dudas de la existencia. Por eso, ante las preguntas y preocupaciones que los menores se vienen formulando en su día a día, la Biblioteca de Guadalajara ofrece “el ratón cartero que es un servicio postal que recibe cartas de niños que le piden ayuda para resolver problemas que tienen. Luego les invita a leer libros que les pueden orientar en esa duda o en ese problema que puedan tener”, nos apunta Gómez.

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Fuente: EL PAÍS - EDUCACIÓN