Noticia
27 octubre, 2018

Ser un niño pobre en tres dimensiones

Los menores más pequeños son los que presentan las mayores carencias, tanto en lo relativo a pobreza multidimensional como a la pobreza por ingresos

En la carrera de la vida no todas las pistas son iguales. Mientras unos disfrutan de condiciones que les permiten alcanzar su máximo potencial desde la infancia, otros se enfrentan a auténticas carreras de obstáculos. Estas desigualdades acaban de ser puestas de manifiesto en Panamá, donde uno de cada tres niños ve reducidas sus opciones desde la propia línea de salida. Así lo ha revelado el Índice de Pobreza Multidimensional Infantil (IPM), una métrica innovadora cuyos resultados acaba de sacar a la luz este Estado centroamericano, el primer país de América Latina y el Caribe en aplicar esta metodología.

Según este índice, el 32,8% de los menores de 17 años de Panamá se encuentra en condiciones de pobreza multidimensional, es decir, más de 450.000 niños y adolescentes se ven privados de tres o más aspectos que son vitales para su desarrollo: educación e información, salud y alimentación, agua y saneamiento, protección y recreación o vivienda. Esta situación es más aguda entre los niños de las comarcas indígenas y de las áreas rurales de difícil acceso; de hecho, la pobreza multidimensional sobrepasa el 50% en provincias como Bocas del Toro o Darién y es superior al 90% en las comarcas de Guna Yala o Ngäbe Buglé.

Los niños más pequeños son los que presentan las mayores carencias, tanto en lo relativo a pobreza multidimensional como a la pobreza por ingresos. El 35,5% de los menores de 10 años sufre pobreza multidimensional, lo que representa más del 58% de todos los niños y adolescentes en situación de pobreza. Según datos de la Encuesta de Hogares del año 2017, el 37% de los menores de cinco años vive en situación de pobreza y el 20% padece pobreza extrema.

La primera infancia ve limitado, además, el acceso a servicios básicos, alimentación adecuada y oportunidades de aprendizaje y desarrollo, elementos cruciales en esta etapa de la vida. Durante los primeros cinco años de la vida de un niño se produce un desarrollo exponencial de sus funciones cognitivas y los efectos perduran hasta la vida adulta. Los niños que reciben desde el nacimiento el afecto, nutrición, cuidados y estímulos necesarios tienen mayor probabilidad de permanecer y tener éxito en la escuela, dependen en menor medida de la asistencia social y se insertan de una manera más productiva en el mundo laboral. Los primeros años constituyen, pues, una ventana de oportunidad única en la que se debe actuar con mayor intensidad para cerrar las brechas en el desarrollo.

Sin embargo, según datos del Ministerio de Educación Panameño, en el año 2013 solo el 6% de los menores de 3 años en Panamá estaba inscrito en algún programa de educación inicial, mientras que un tercio de los niños en edad preescolar no formaba parte de esta oferta educativa. La situación se agrava según el grado de pobreza de la familia. La última Encuesta de Indicadores Múltiples por Conglomerados (Encuesta MICS, por sus siglas en inglés) realizada por UNICEF en el año 2013, reveló que cuanto menor es el nivel educativo de la madre, o cuanto mayor sea la pobreza en el hogar, menor es el acceso de los niños pequeños a la estimulación temprana o a programas de cuidado o educación inicial. A modo de ejemplo, sólo 6% del total de la los matriculados en el Centro de Atención Integral de la Primera Infancia (CAIPI), que brinda atención y educación a los niños de 0 a 4 años de Panamá, corresponde a niños en áreas indígenas.

Panamá ha hecho ingentes esfuerzos para cerrar las brechas que impiden el desarrollo de la primera infancia. Desde el gobierno y con el apoyo de organismos multilaterales como el Banco Interamericano de Desarrollo, se han impulsado políticas nacionales para la atención integral que han contribuido a aumentar progresivamente la cobertura de preescolar con aulas y nombramiento de docentes; se ha expandido la matrícula y los estándares de calidad de los CAIPI con capacitación docente, se han mejorado infraestructuras o se ha ampliado la cobertura de programas de salud infantil. Más recientemente, se han puesto en marcha programas de apoyo parental y de estimulación temprana en el hogar mediante visitas domiciliarias. Con todo, en un país donde el crecimiento económico de la última década ha permitido una reducción progresiva y sostenida de la pobreza general y extrema, revertir la situación de pobreza de la niñez sigue siendo una tarea urgente.

Los niños son más vulnerables ante la pobreza. Es una situación que no depende de ellos y carecen de los instrumentos para combatirla. Además, padecen de forma más duradera sus consecuencias puesto que se genera un ciclo nocivo de crecimiento intergeneracional de la pobreza y de la desigualdad. Los resultados del Índice de Pobreza Multidimensional Infantil, son una invitación a que otros países consideren esta metodología y marcan un camino hacia el cual continuar dirigiendo esfuerzos: vencer la carrera de obstáculos que impide a los niños panameños alcanzar su potencial y hacerlo desde muy temprano en la vida.

Carolina Freire es especialista en Salud y Protección Social del Banco Interamericano de Desarrollo.

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Fuente: EL PAÍS - EDUCACIÓN