Noticia
06 noviembre, 2018

55%

Los diarios dicen que, después de las elecciones, “Bolsonaro se mostró conciliador” y moderó su discurso

El mismo domingo en que Bolsonaro ganó la presidencia de Brasil con el 55% de los votos, en Argentina se realizaron marchas bajo el lema “Con mis hijos no te metas” que reclamaban eliminar la “ideología de género” de la educación sexual en los colegios. Los manifestantes portaban pancartas rosas y celestes, reivindicando la idea de que una mujer es una mujer, un varón es un varón, y lo demás son perversiones. América Latina es sinuosa: tiene las tasas más altas de violencia contra la comunidad LGTB, combinadas con las leyes más progresistas para ese colectivo. No es su única contradicción. La inseguridad es un desvelo mayor en el área y, por ejemplo, un municipio de Buenos Aires creó, para combatirla, una aplicación que permite a los vecinos reportar rápidamente a la policía delitos y movimientos sospechosos. Y reportan delitos pero también —en un país donde la discriminación está penada— a un moreno desconocido fumando en la esquina, a una fulana llamativa dando vueltas en moto. A veces me pregunto si no hemos construido, más que leyes, un espejismo de progresía, una máquina perfecta de negar la vida real. Porque la vida real se empeña en ser precámbrica: en la vida real lo diverso —por caso: lo trans— sigue siendo anomalía; lo distinto —por caso: un moreno desconocido— sigue siendo amenaza. En la vida real, 57 millones de brasileños dijeron: “Queremos ser gobernados por un machista homófobo racista hiperreligioso”. Los diarios dicen que, después de las elecciones, “Bolsonaro se mostró conciliador” y moderó su discurso. Aun si fuera cierto, eso no cambia el hecho de que 57 millones de brasileños no votaron a un conciliador. Votaron a un machista homófobo racista hiperreligioso. Lo votaron por esas convicciones. Lo votaron para que las sostenga. Y ese es un problema bastante más grande que Bolsonaro.

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Fuente: EL PAÍS - EDUCACIÓN