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06 noviembre, 2018

Los pediatras de EE UU quieren acabar con el azote, los gritos y las humillaciones a los niños

Los expertos aleccionarán a los padres para que no peguen a sus hijos en la primera actualización de su protocolo en dos décadas

Los pediatras estadounidenses han cerrado filas contra el uso de los azotes, las humillaciones y los gritos para educar a los hijos. Estos expertos acaban de publicar una guía dirigida a profesionales sanitarios y educativos que endurece su postura contra el abuso físico y verbal ejercido sobre los más pequeños de la casa como medida correctiva. Los especialistas de Estados Unidos, que suman 67.000 profesionales en todo el país, no hacían una actualización a este respecto desde 1998, según informan en un comunicado distribuido por varios medios del país y que se publicará el próximo 6 de diciembre en la revista Pediatrics, bajo el título: Disciplina efectiva para criar niños sanos.

El objetivo de las nuevas políticas, que se presentarán en la National Conference & Exhibition 2018  de la Asociación Americana de Pediatría en Orlando, es que “los expertos animen y asistan a los padres para que desarrollen métodos educativos distintos de pegar ante una conducta indeseable de su hijo”. De forma, añaden, que los “adultos a cargo de menores no deben nunca recurrir al azote o a la bofetada y sí tienen que ser capaces de usar conductas apropiadas de refuerzo, de poner límites o redirigir una mala conducta y así asentar recursos útiles para el futuro del niño”.

La guía enfatiza el papel de los pediatras hacia las familias, “como un proveedor eficiente y eficaz de información”. Cabe recordar que una de las primeras relaciones que se establece con la llegada de un bebé al hogar es con este especialista, una figura fundamental en los dos primeros años de vida y que sigue la evolución del menor, en muchos casos, hasta los 14 años o más. Por lo que esta relación padres y médico desde el minuto cero favorece que los pediatras informen sobre las consecuencias del castigo físico o verbal desde muy temprano. 

Además, sostienen que la publicación de dicho protocolo coincide en el tiempo con un momento en el que en EE UU solo un 6% o, todavía un 6%, de los especialistas tiene una opinión positiva acerca de los azotes y solo un 2,5% espera que dicho comportamiento tenga un cambio positivo en la conducta del menor. Además, uno de los autores de las nuevas políticas, Robert D. Sege, asegura que "las buenas noticias son que cada vez menos padres apoyan este tipo de castigos que en el pasado", según explica en un comunicado. "Aunque todavía el castigo físico sigue siendo legal en demasiados estados", prosigue Sege, "a pesar de la evidencia existente de que ejercer violencia sobre los niños produce daño y no solo físico y mental, sino también tiene un efecto negativo en cómo se desarrollan en la escuela, en la vida y en sus relaciones con sus iguales".

La convención de los Derechos del Niño de la ONU de 1989 ya cuestionaba cualquier tipo de maltrato ejercido a un menor por parte de sus padres o cualquier persona que esté a su cargo. Además, la iniciativa global para erradicar el castigo corporal contra los niños define con exactitud qué es el castigo físico: “Es aquel que causa o intenta causar cierto grado de dolor o molestia a un menor. Y lo define no solo como pegar y sus variantes, como dar azotes o bofetadas con la mano o con algún objeto, sino también dar patadas, pellizcar, tirar del pelo; forzar al niño a estar en una postura incómoda o hacerle tragar algo, entre otros”. Pero insiste, “también hay formas no físicas de maltrato que amenazan, asustan o humillan a los más pequeños sin necesidad de pegar y que también deben ser rechazados”.

Según los expertos y la evidencia científica, todo esto puede repercutir negativamente en la vida presente y futura del menor. Una investigación publicada en el Journal of Family Psychology en 2016 apuntalaba que los azotes tienen el resultado opuesto al que buscan los padres. El metaestudio, que analizaba los datos recogidos durante 50 años con una muestra de 160.000 niños, concluía que los cachetes están asociados a una mayor probabilidad de desarrollar conductas desafiantes hacia los progenitores, de exhibir comportamientos antisociales y de sufrir problemas psicológicos, entre otros. Para el análisis, se desechó el abuso físico grave. “Los azotes no solo duelen cuando se dan, sino que su efecto es prolongado en el tiempo”, aseguran los autores del estudio de las universidades de Austin y Michigan. Entre los efectos secundarios negativos de dar un azote o cachete con evidencia científica están: la baja autoestima; el carácter introvertido; diversos problemas de salud mental; tendencia a relaciones negativas padre/hijo; deterioro de las habilidades cognitivas, y un mayor riesgo de padecer abuso físico por parte de sus progenitores, entre otros, según la misma investigación estadounidense.

Pero evitar todo esto, según explican los pediatras de EE UU, “requiere que los padres hallen en los pediatras unos guías eficaces que eduquen e informen sobre el castigo físico, teniendo en cuenta siempre que este es ineficaz a largo plazo y está asociado a problemas de salud y mentales”, reiteran en su texto. “Cuando los padres necesiten ayuda a este respecto, los expertos deben ser capaces de ofrecer recursos a las familias útiles y eficaces como pueden ser la inclusión en grupos de terapia, clases de educación o atención psicológica comunitaria o individual”.

Los padres nunca deben usar el castigo físico o verbal con sus hijos, ya sean pequeños o adolescentes, para corregir una mala conducta del menor.

Los pediatras por su parte deben ser una guía útil para los padres, ofreciéndoles herramientas que eviten el castigo físico o verbal como:

Por último, los expertos resaltan la importancia de ofrecer grupos de apoyo, terapia o recursos comunitarios que ayuden a las familias a evitar el castigo físico y recalcar que los pediatras son los responsables primeros de cumplir esta guía por el bien de padres, hijos, de toda la sociedad.

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Fuente: EL PAÍS - EDUCACIÓN