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10 noviembre, 2018

Galicia y Madrid escuchan a las familias para escolarizar a mellizos y gemelos

Algunos gobiernos autonómicos, por presión de los padres, comienzan a impedir que los colegios separen a los múltiples

El bum de los partos múltiples en España (en 2015, el último dato disponible del INE, se registraron un 110% más que dos décadas antes) está llenando las aulas de mellizos que al escolarizarse se topan, ante la ausencia de normativa, con la decisión de muchos centros de separarlos por sistema, apelando al supuesto fortalecimiento de sus respectivas identidades. Frente a esta decisión, cada vez son más las familias que reclaman que se les escuche y acuden a la vía judicial o a la reclamación administrativa. La batalla de los progenitores ya ha torcido el brazo a algunos centros, a los que los gobiernos autonómicos delegan esta decisión. Presionada por una familia lucense, la Xunta ha enviado este curso una recomendación a los colegios para que cuenten con los padres; una decisión que comparten una parte de los docentes, pedagogos y educadores sociales pero que cuestiona la Asociación Profesional de Pedagogos y Psicopedagogos de Galicia (APEGA), que cree que el Ejecutivo gallego se “ha doblado” ante el “deseo exagerado de protección” de los progenitores.

Espoleada por la Valedora do Pobo (Defensora del Pueblo) a quien recurrió Lidia Feal, madre de unas gemelas de Viveiro (Lugo), el Gobierno gallego ha instado este curso a los centros a que decidan en consenso con las familias si deben separar o no a los hermanos de partos múltiples, como ya ocurre en Madrid. La Consellería de Educación explica que en tanto “no se establezca una regulación o exista una evidencia científica concluyente”, la decisión “no se debe basar a priori en las normas de organización y funcionamiento de los centros” sino que deberá ser adoptada “en cada caso particular de una forma flexible y abierta, con carácter revisable, con un consenso entre progenitores, docentes y servicios de orientación, basado en el interés superior de los menores”.

De esta forma, las gemelas de Feal han conseguido compartir aula por primera vez este curso, ya en Primaria. “Están encantadas, muy gratamente sorprendidas de poder hacer juntas los deberes”, afirma su madre, feliz por haber ganado una batalla que le costó “cinco años de duras gestiones”, para las que contó con el apoyo y asesoramiento de la Cofederación de Asociación de Nais e Pais (ANPAS) Galegas, que la animó a acudir a la Valedora do Pobo antes que al juzgado. Tras años de tira y afloja, la Xunta acabó cediendo a la petición de la valedora.

La demanda de la familia lucense contó con el apoyo del Colexio de Educadoras e Educadores Sociais de Galicia (Ceesg), que emitió un informe en el que destaca que “compartir aula no evitará que los hermanos desarrollen una personalidad propia” y que, a la hora de escolarizarlos, “debe valorarse cada caso en particular, respetar la decisión de las familias y observar la evolución de los niños” para valorar “si supone un beneficio o un perjuicio”.

Frente a ello, los psicopedagogos de APEGA creen que “es un error” mantener juntos a los múltiples a partir de los cuatro años. El presidente del colectivo, José Manuel Suárez, entiende que a los tres años da igual que compartan aula porque “ los niños aún no tienen conciencia de su propia identidad y, para ellos, todos son hermanos: se relacionan con todos por igual”. Y afirma que la insistencia de los padres en mantenerlos juntos obedece a un “deseo exagerado de proteger a los niños” que, sostiene, “no es ya que sean un bien escaso, sino de lujo”.

“Vivimos en una sociedad sobreprotectora en exceso en la que los padres helicóptero [los que controlan constantemente a sus hijos], crían seres dependientes”, afirma el presidente de los pedagogos gallegos. “Pues claro que en pareja uno se siente más protegido y complementado que en solitario, pero en la vida real estos niños no van a tener a su hermano a su lado decidiendo o ejecutando por ellos; hay que prepararlos para afrontar sus propias vidas”, añade, convencido de que las familias están “ejerciendo un acoso” sobre las Administraciones que “se acaban doblando”.

No obstante, no todos los colegios separan a estos hermanos, aunque escuchan poco a los padres. En el uso de esa misma potestad que les da la Administración, algunos tienen en cuenta la opinión de los padres. En el caso de Galicia, el análisis que realizó la Valedora do Pobo refleja que la mayor parte de estos hermanos acuden a la misma aula: un 62 % de los casos frente al 38 % en que estaban en unidades distintas, aunque en un 30% se deba a que en los centros solo hay una clase por curso. El informe refleja, no obstante, que los colegios gallegos tienen en cuenta el criterio de los progenitores en un 36% de los casos.

La recomendación de la Xunta de contar con las familias no es la primera que se ha producido en España. En 2017, un juez de Badajoz dictó una sentencia en la que se obligaba a un colegio extremeño, que insistía en separarlos, a escolarizar juntos a unos mellizos. El magistrado dio la razón a la familia basándose en un informe de un psicólogo, una psicopedagoga y una trabajadora social, que concluyen que lo mejor es que “vayan juntos”.

La sentencia recoge que un centro “no puede separar a unos mellizos solo por serlo”. La resolución, pionera en España, dejaba claro que los colegios “deben ser flexibles”. Ese mismo año, la Comunidad de Madrid se convirtió en la primera en dar libertad de elección a los progenitores. Remitió una instrucción a los colegios en la que los instaba a escuchar y atender el criterio de las familias, aunque matizaba que su opinión no era vinculante. Sin embargo, esta directriz, recogida también por escrito en las instrucciones de comienzo de curso, se topó con la autonomía organizativa de los centros y muchos de ellos apelaron a sus normas internas para incumplirla. Este curso, la consejería madrileña ha reiterado su recomendación, pero con mayor contundencia, al eliminar la frase de que la opinión de los padres no es vinculante.

Meritxell Palou, una terapeuta y madre de mellizas propulsora del movimiento Múltiples Juntos en la Escuela, asegura que recibe numerosas quejas de la vulneración de esa instrucción y apela a la aprobación de una normativa general para evitar estas situaciones y agravios comparativos. En su página de Facebook, Palou incluye testimonios de progenitores que siguen luchando para que se tenga en cuenta su opción de no separar a sus hijos. Es el caso de la familia Cucalon que recoge firmas en Change.org para que el centro Miguel Delibes de San Sebastián de los Reyes (Madrid) les escuche, como recomienda el Gobierno autonómico. No es la única que ha recurrido a la recogida de firmas como medida de presión.

Otras afectadas exponen sus dificultades en la misma página de Facebook de Palou. “Ayer tuve la cuarta reunión con la directora del colegio, esta vez con tutoras y otra maestra. Me han vuelto a denegar la petición de que me los junten aunque uno de mis niños lo está pasando muy mal. Ya no sé qué hacer, me siento derrotada y totalmente inútil por no conseguirlo”, comenta una madre.

Separarlos contra su criterio supone “penalizar la afectividad”, protesta Lidia Feal, lo que suscribe la psicóloga infantil holandesa Coks Feenstra, autora del Gran libro de los gemelos, que trabaja con estos niños nacidos de partos múltiples desde hace dos décadas en Valencia. Feenstra tiene claro que no hay una regla general respecto a la conveniencia de agrupar o no a estos hermanos y alerta de que separarlos en la escuela a una edad temprana “es dañino y se basa en mitos”.

“Los estudios demuestran que los niños lo pasan mal y yo veo en mi consulta que muchos sufren retrocesos, ansiedad, retraimiento y peores resultados académicos. Si separas a un niño que no está preparado para ello, creas aún más dependencia respecto a su hermano”, sostiene la psicóloga, que recomienda la separación partir de los cuatro años “solo en el caso de que uno sea muy dominante y arrastre al otro”. Feenstra cree que es necesario valorar de nuevo la situación a partir de los seis años.

La especialista alude a las investigaciones realizadas por Nancy Segal, psicóloga evolutiva y genetista del comportamiento de la Universidad Estatal de California, que explica que los niños de partos múltiples suelen buscarse con la mirada en clase para sentirse seguros. Feenstra cita también el estudio más reciente, realizado en 2014 por Lynn M. Gordon, profesora del Departamento de Educación de la Universidad Estatal de California (Northridge), sobre las creencias de directores respecto a la ubicación de gemelos en clase al inicio de su etapa escolar, a los cuatro o cinco años en EE UU.

La investigación revela que el 71% de los directores estaba a favor de la separación y un 84% opinaba que ello favorecía el desarrollo de la individualidad de los gemelos mientras que un 62% de los padres prefería, al inicio de la etapa escolar, tener a sus gemelos en una misma clase, aunque el 58% estaban separados. El 27% de los directores reconocía que imponía esta medida contra la voluntad de los padres.

Joan Gamero, vocal de Pedagogía del Col.legi de Pedagogs de Catalunya y director y jefe del Departamento de Mediación en la escuela L’Oreig de Pallejà, apuesta por los matices en una cuestión en la que, señala, “ni todo es blanco ni todo es negro”. Gamero se basa en su experiencia personal (12 cursos como director y 20 como docente) en su centro, en donde los múltiples no tienen más opción que compartir aula porque hay una sola línea de Infantil, para señalar que “no les perjudica en absoluto”. A pesar de ello considera que tampoco tiene por qué ser negativo separarlos de clase si les va bien, “aunque no así de colegio”.

En cualquier caso, entiende el especialista que esta “no es una cuestión en la que haya que estar a favor o en contra”. Basta, sostiene, con “escuchar a los padres” que deben “ejercer su libertad de elección”. En su opinión “tiene todo el sentido” que estos hermanos compartan clase, “salvo en la adolescencia, en donde sí necesitan reforzar su propia identidad”, ya que si los niños quieren estar juntos, se buscarán en los recreos. “¿Por qué separarlos cinco horas si el resto del día están bien juntos?”. Y en el caso de que surjan problemas cuando comparten aula “tendrá que intervenir el departamento de psicopedagogía del centro, porque será síntoma de que algo no va bien”, afirma. La educación, sostiene Gamero, “es una balanza en la que lo conceptual y lo emocional deben estar al 50%”.

Fuente: EL PAÍS - EDUCACIÓN