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19 noviembre, 2018

Viajamos por el mundo tras las cifras del bofetón

Unos 250 millones de niños en el mundo aprenden a base de 'disciplina violenta'. Un recorrido desde Suecia, primer país en prohibir el castigo corporal a menores de edad en todas sus formas, a China, donde aún hoy es aceptado

Corría 1979 cuando en los cartones de leche de Suecia se imprimió un mensaje para las familias que advertía que quedaba prohibido por ley que pegaran una torta a sus hijos. El anuncio circuló durante dos meses y formaba parte de una amplia campaña del Departamento de Justicia sueco para informar sobre la nueva ley que vetaba los castigos físicos a los niños en todos los ámbitos, también el hogar.

“Se publicó en cartones de leche para garantizar que estuviera presente en las comidas familiares, cuando los padres y sus hijos pudieran discutir el tema juntos”, explica el profesor de Ciencias Sociales canadiense Joan E. Durrant en el artículo La prohibición sueca del castigo corporal: su historia y efectos. La campaña incluía, además, carteles y folletos que explicaban los motivos detrás de la normativa. Como resultado, en 1981, el 99% de los suecos estaba familiarizado con ella.

El Gobierno de Suecia hizo historia al modificar el llamado Código de paternidad y tutela. Era el primer país del mundo en prohibir por ley el castigo corporal a los niños en todas sus formas, también en los hogares. Tuvieron que pasar casi 15 años para que otro país siguiera sus pasos; Finlandia, en 1983. En 1987 ya eran tres, con Noruega y en 1989, cuatro con Austria.

España, por su parte, prohibió el bofetón en todos los ámbitos en 2007, con José Luís Rodríguez Zapatero como presidente, bajo una enmienda en el Código Civil. Hasta entonces, el artículo 154 permitía que los padres o tutores “corrigieran” con moderación a los hijos. El cachete en casa todavía tenía defensores en España. La votación en el Consejo de Ministros estuvo dividida con 184 votos a favor y 162 en contra.

En Europa aún hay 13 estados que se resisten a legislar contra esta práctica, entre ellos, Bélgica, Francia, Italia o Reino Unido. “31 de 44 estados europeos han promulgado una clara prohibición de todo tipo de castigos corporales”, explica a EL PAÍS Eloïse Di Gianni, de la Iniciativa global para el fin del castigo corporal de todos los niños, que investiga sobre el progreso y la legislación al respecto en el mundo. El castigo corporal en los colegios europeos no está permitido.

La exigencia de prohibir el bofetón —o reglazo— en los colegios data de 1989, con la ratificación de la Convención de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas, que han firmado todos los países del mundo a excepción de EE UU y Sudán del Sur. El Artículo 28 de la misma establece que los métodos disciplinarios escolares deben ser “consistentes con la dignidad humana del niño y en conformidad con la actual Convención”, por lo que el Comité sobre los Derechos del Niño ha interpretado este edicto como el requerimiento de la prohibición del castigo corporal en los centros escolares, especifica la Iniciativa Global. En la práctica, hay excepciones.

En total, el 80% de los niños de entre 2 y 14 años (unos 250 millones) padece “disciplina violenta” —castigo físico o agresión psicológica—, como lo denomina Unicef. “Se trata de la forma más común de violencia contra los niños en todo el mundo”, advierte Di Gianni.

En Estados Unidos, se conoce como paddle (paleta) al artilugio de manera con un mango diseñado para azotar primero a los esclavos y después a los estudiantes, que sigue a la orden del día en los colegios. El castigo corporal en el colegio se permite en 19 de los 50 estados norteamericanos y más de 160.000 niños del país sufren castigos físicos en la escuela cada año.

Human Right Watch ha denunciado en sucesivas ocasiones que este tipo de disciplina violenta no solo conduce a secuelas psicológicas, sino que es discriminatoria. Por ejemplo, pese a que los estudiantes afroamericanos en colegios públicos de EE UU suponían un 17,1% del alumnado en el curso 2006-2007, fueron un 35,6% de los castigados con la paleta.

De vez en cuando, salta a la prensa, algún caso como el de David Matheson, director de la escuela Secundaria Robbinsville de Carolina del Norte, que se ha hecho tristemente famoso por dar a elegir a sus alumnos, cuando se portan mal, entre una torta o la expulsión de clase. En Georgia, una escuela pidió recientemente el consentimiento a los padres para castigar a los niños con la paleta de madera.

"Algunos padres usan, probablemente, castigos corporales en casa y, de ese modo, no ven un problema con su uso en el colegio también", argumenta Elizabeth Gershoff, profesora de Desarrollo Humano y Ciencias de la Familia en la Universidad de Texas, que durante años ha estudiado el castigo corporal entre los niños de EE UU. Esos políticos y padres que lo aceptan, dice, creen erróneamente que es necesario el castigo corporal para mantener la disciplina en las escuelas. "Eso no es cierto, por supuesto, decenas de miles de escuelas en los Estados Unidos disciplinan a los estudiantes sin usar el castigo corporal", añade.

“Sorprende la cantidad de padres en Argelia que piden a los maestros que corrijan físicamente a sus hijos porque es el único idioma que el entienden”, asegura por email Zohra Sebaa, experta miembro del Comité de los Derechos del Niño de la Unión Africana, entre 2014 y 2016, que insiste en que “abolir el castigo corporal de los niños requiere acción a diferentes niveles”. “Esto implica primero cambiar la legislación en profundidad y adoptar nuevas medidas para garantizar la correcta aplicación de las leyes”.

Algunos padres usan castigos corporales en casa y no ven un problema con su uso en el colegio también

En el norte de África, solo un Gobierno, el de Túnez, consiguió la prohibición del castigo corporal en todos los ámbitos. En otros siete países norteafricanos y de Oriente Medio, sigue a la orden del día. En Marruecos, Egipto, Irán, Irak, Líbano, Qatar o Arabia Saudí, la práctica no está prohibida en los colegios. Además, hay informes que recogen que los niños reciben golpes, bofetadas y palizas en las escuelas de la República Centroafricana, Namibia y Sudáfrica, y latigazos y golpes con una paleta en Ghana, Kenia y Mozambique. En Uganda hay estudios que revelan que los niños tienen miedo a la escuela por las palizas de sus maestros.

Solo 10 países de la región de América Latina y El Caribe cuentan con una legislación específica para prohibir el castigo corporal en todos los ámbitos, entre ellos: el hogar, la escuela, los centros de cuidado alternativo y instituciones penales: Argentina, Bolivia, Brasil, Costa Rica, Honduras, Nicaragua, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela, según Unicef. Uno de cada dos pequeños latinoamericanos es víctima de violencia en su hogar y 4 de cada 10 niñas adolescentes son víctimas de distintas formas violencia en el colegio. “En la región más violenta del mundo, cualquier tipo de violencia solo general más violencia”, advierten desde Save the Children.

El castigo corporal en los colegios está prohibido en 18 lugares de Asia y en tres de ellos, en todos los ámbitos, pero la práctica dista bastante de la realidad. En India, aunque es ilegal, la bofetada es frecuente en los colegios. En China, la imagen en las redes sociales de un grupo de estudiantes arrodillados en el patio de recreo, en un colegio de Jiangxi, reabrió recientemente el debate sobre el castigo físico, donde no está permitido en los colegios desde 1986, pero ocurre como forma de disciplina aceptada, en lo que se conoce como la tradición del dama jiaoyu —educar con golpes o insultos—, la versión china de la letra con sangre entra.

“Personalmente creo que está bien pegar a los niños que se portan mal cuando fallan otros métodos, como la reprimenda”, reconocía este mes Huang Lanlan, autora de un artículo del diario Global Times titulado Me parece bien dar un azote, como a la mayoría de padres chinos, en el que criticaba que los progenitores más jóvenes están cada vez más influidos “por los estilos de crianza occidental”, después de que una encuesta realiza por ese periódico en WeChat —el WhatsApp chino— un 31% reconociera que nunca pegaría a sus hijos.

Una torta “puede dañar las relaciones familiares, ya que enseña a los niños que la violencia es una forma aceptable de resolver conflictos”, concluye Eloïse Di Gianni, que advierte que los adultos que han sufrido castigos corporales en la infancia también tienen “más probabilidades de aceptar o experimentar violencia, incluido dentro de la pareja, ya sea como víctima o como agresor, y participar en otras conductas violentas y delictivas”.

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Fuente: EL PAÍS - EDUCACIÓN