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28 noviembre, 2018

Niños de tres años que no se mueven. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Los niños españoles están entre los más obesos de Europa

El Departamento de Salud de EE UU ha publicado sus nuevas recomendaciones sobre ejercicio físico y por primera vez en la historia incluye a los más pequeños de las casas: el nuevo documento aconseja que los niños de entre tres y seis años realicen como mínimo tres horas de actividad física diaria. No es la primera vez que se emiten estas recomendaciones en el mundo. Hace años que en España se viene aconsejando una actividad mínima para los menores. La última, la de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC) en 2017, que indica que los menores de cinco años deben realizar cualquier actividad física durante 180 minutos diarios. ¿Es que los juegos no son suficientes?

Cuando hablan de actividad física los expertos no se refieren a poner a un niño pequeño a levantar pesas ni a correr maratones: el informe sugiere que salten o correteen para mantener una buena salud ósea y muscular; acciones que suelen estar incluidas en los juegos de los más pequeños de forma natural, por lo que estas sugerencias pueden resultar un poco extrañas. Los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) ayudan a explicar por qué no lo son.

La prevalencia del sobrepeso y la obesidad en niños ha aumentado a un ritmo alarmante. Más de 41 millones de menores de cinco años y 124 millones de entre cinco y 19 años (unas diez veces más que hace cuatro décadas) engrosan las estadísticas de lo que se considera una epidemia. El problema es más grave en los países pobres y en desarrollo de Asia y África, pero ninguna parte del mundo se libra.

Según la OMS, los niños españoles están entre los más obesos de Europa: un 18,1% sufre esta enfermedad y otro 23,2% tiene sobrepeso, apunta el estudio Aladino, realizado por la Agencia Española de Consumo Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aecosan). Y en EE UU la obesidad infantil se sitúa en un 18,5%. Con estos números es fácil entender las recomendaciones que se han hecho tanto en España como en EE UU. Pero, ¿por qué ganan tanto peso los niños?

El aumento de la obesidad en edades tan tempranas tiene su origen en el mismo factor que engorda a los adultos: la vida sedentaria. Los niños de corta edad pasan cada vez menos tiempo jugando en el parque o trasteando en los columpios, lo que implica una disminución sustancial de su actividad física. "Solo el 30% de los españoles menores de 10 años cumple con las horas de deporte recomendadas al día", destaca Gerardo Rodríguez, coordinador del Comité de Promoción de la Salud de Asociación Española de Pediatría (AEPED), quien cita datos del proyecto Internacional Idefics, del Instituto Leibniz de Prevención, Investigación y Epidemiología. Y la situación es más grave entre las niñas, solo 12% cumple con el tiempo de actividad física que necesita.

En lugar de estar jugando al aire libre, muchos se quedan más tiempo en las guarderías o colegios hasta que sus padres pueden recogerlos y, dependiendo del tamaño del centro, de las aulas y del patio, las posibilidades de correr libremente varían. Además, al salir es cada vez más frecuente que los padres, agotados tras la jornada laboral, opten por quedarse en casa y los dispositivos tecnológicos se convierten en una forma de pasar el tiempo. "Es un ocio sedentario que conforma a los padres, porque saben que el niño está entretenido y a los pequeños les encanta por el despliegue de luces y colores. A cambio, pierden tiempo de estar en el exterior, que es un valor seguro para su salud y para el desarrollo motor", indica el experto.

Tanto el nuevo documento del Departamento de Salud de EE UU como la semFYC recomiendan una hora diaria de actividad física a los mayores de cinco años. Tampoco se cumple y cada año la cosa va a peor. Entre otras razones, se apunta a un cambio en el ocio en edad escolar. Si antes se jugaba al balón prisionero o a la comba en la calle, ahora lo habitual es recluirse en casa ante una pantalla.

La última Encuesta de Salud de España (2017), publicada por el Ministerio de Sanidad, revela que el 76,1% de los menores entre los cinco y los nueve años pasan una hora o más al día frente a una pantalla y a partir de los 14 la cifra asciende hasta el 83,7%. La pauta es más o menos similar en todos los países desarrollados.

"Vamos hacia una generación de niños inactivos que los sitúa en un sendero muy peligroso", afirma el profesor Mark Tremblay, presidente de Active Healthy Kids e investigador en el CHEO Research Institute de Canadá. "Tenemos una responsabilidad colectiva para invertir esa tendencia, ya que los niños sedentarios corren mayores riesgos desarrollar problemas físicos, mentales y cognitivos. Y es la generación que tendrá que hacer frente al cambio climático y a la rápida incorporación de las tecnologías. Esto exige que tengan buena salud para convertirse en adultos resilientes y capaces de sobrevivir en un mundo cambiante", sentencia.

Detectado el problema, lo siguiente es atajarlo. "En los colegios, las clases de educación física trabajan en ese sentido, pero no son suficientes", apunta Rodríguez. Transferidas las competencias de educación a las comunidades autónomas, cada cual decide cómo distribuir la carga lectiva. Lo mínimo, en primaria y secundaria, suele rondar las dos horas a la semana, que es poco.

"Dado que el centro educativo es el lugar más apropiado para instaurar y mejorar un estilo de vida saludable, es urgente que se tomen las medidas necesarias para que la materia de Educación Física tenga un mínimo de tres horas lectivas obligatorias en todas las Comunidades Autónomas", reclama Alicia Martín Pérez, presidenta del Colegio de Licenciados en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte de Madrid (COPLEF Madrid).

Pero tampoco podemos delegar toda la responsabilidad en los colegios: "Las familias tienen que desempeñar un papel importante para que esto no se quede solo en las clases, y que en vacaciones el menor no vuelva al sedentarismo. De ahí, la necesidad de hacer campañas de concienciación globales que involucren a las autoridades educativas, ayuntamientos, famosos, etcétera, hacia la práctica del deporte en edades tempranas", apunta Rodríguez.

La estrategia, para este experto, debe ser la de aumentar la oferta de actividades extraescolares municipales de carácter deportivo a precios asequibles, aumentar las dotaciones de uso público y movilizar a los propios progenitores a llevar una vida más activa: "Gestos como evitar el ascensor, ir caminando a los sitios siempre que sea posible, salir con la bicicleta o forzarse los fines de semana a realizar alguna actividad física contribuyen a implantar esos patrones saludables en los niños, que están en la edad en la que adquieren hábitos para toda la vida y hay que aprovecharlo", añade el experto.

Y nada de esto es baladí, la OMS afirma que "los niños obesos y con sobrepeso tienden a seguir siendo obesos en la edad adulta y tienen más probabilidades de padecer, a edades más tempranas, enfermedades no transmisibles como la diabetes y las cardiovasculares". Lo importante es que tanto el sobrepeso como la obesidad y otras enfermedades "son en gran medida prevenibles", aclara la organización.

Cuando los expertos recomiendan aumentar la actividad física de los niños no están diciendo que haya que calzarles unas zapatillas y llevarlos a correr a la velocidad a la que lo hace un adulto. "Los padres entusiastas pueden ser un peligro para los críos", avanza Juan Carlos Álvarez, profesor de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte de la Universidad Europea: "Si un niño corre con un adulto, lo hará a un ritmo excesivo para sus posibilidades".

Dicho esto, ¿running después del pañal? Sí, pero con una retahíla de condiciones, como esperar a los cuatro o cinco años, idear un plan personalizado para el menor (a usted que le acompañe el vecino) y "no superar los 20 minutos diarios tres veces a la semana", concreta el profesor.

Además, ha de practicarse desde una perspectiva lúdica. "No recomendaría la competición hasta los 10 o 12 años", sigue. David Muñoz González, especialista en podología del hospital HM San Francisco, en León, propone una distancia de entre 50 y 1.000 metros para los menores que empiezan. Y asegura que a los 8 años, estos ya podrían ingresar en algún club de atletismo, "pues el pie está casi formado por completo".

Antes, recomienda ir al podólogo para un estudio biodinámico y comprarle al niño unas zapatillas de running. El problema de la ausencia de tallas (muchas marcas no tienen por debajo de la 35) se resuelve buscando en Internet, interviene Álvarez.

Aunque puedan para correr, los niños no son pequeños adultos, advierte un estudio de Clinical Journal of Sports Medicine: "Su anatomía y psicología se están desarrollando y aún no están maduras". Se sabe que no amortiguan el trote como los mayores, por lo que su riesgo de lesión crece.

Y los expertos desaconsejan el maratón hasta los 18 años. En algo sí superan a sus padres: se recuperan antes de la fatiga, según un estudio de Nature que midió la frecuencia cardiaca de distintas franjas de edad tras un ejercicio intenso.

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Fuente: EL PAÍS - EDUCACIÓN