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03 diciembre, 2018

Si ya es un reto nacer con discapacidad mental, imagine en un país pobre

Una mujer camerunesa cruza el continente caminando y nadando para poder dar una educación a su hija con autismo

La camerunesa Alima Ngoutme no recibió respuesta alguna cuando nació su hija en 2004 en la ciudad de Duala, al suroeste del país. “No se movía, no lloraba”, cuenta la mujer. Ningún médico le explicó en aquel entonces que su hija Lamina padecía autismo y tenía una discapacidad intelectual. Tuvo que darse cuenta sola, ya que no había especialistas que la guiaran. Pero el drama no se quedó ahí. Ella era joven, tenía 19 años cuando nació la niña, por lo que aún estaba estudiando. “Mis compañeras dejaron de saludarme y de prestarme los libros”, dice. Su entorno considera la discapacidad como un castigo divino. Muchas madres suelen ser abandonadas por sus maridos. No fue el caso de Alima, que sí recibió el apoyo de su esposo y de la abuela de la niña. Este apoyo fue clave cuando la camerunesa decidió partir sola, por tierra y por mar, rumbo a Europa para darle una educación a su hija.

Tras una larga travesía por medio continente, Alima logró llegar a España. Se asentó en Madrid, comenzó a trabajar, mientras su hija permanecía con la abuela en Camerún. Tardó seis años en poder reagruparse con Lamina. “Me mantuve fuerte, nunca bajé la guardia. Tenía claro que haría de mi hija alguien en un mundo en el que no había sitio para ella”, explica desde el festival Conciencia Afro donde intervino a finales de septiembre. Desde que la niña llegó a España, su madre dice que no se separa de ella. Ha recuperado la sonrisa y tiene amigos. Es libre. “En África muchas madres esconden a sus hijos, y las entiendo, porque en la calle les tiran piedras”, cuenta. 

En Camerún se estima que dos de 23 millones de habitantes padecen alguna discapacidad

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que, en Camerún, dos de 23 millones de habitantes padecen alguna discapacidad, pero no existen políticas ni planes estratégicos para tratar a las personas con discapacidad mental. A lo que se suma que padecer una enfermedad mental es un estigma. “Creé la asociación Mirando por África para sacar a esos niños de sus encierros”, explica Alima Ngoutme. En 2015, cuatro años después de crear su asociación, la camerunesa organizó un viaje a Duala con psicólogos, psicopedagogos, periodistas y educadores voluntarios con el objetivo de concienciar al entorno más cercano de niños con discapacidad intelectual y conseguir los apoyos suficientes para abrir un centro para los menores y sus madres. 

Al llegar a Duala, el primer paso fue ir puerta por puerta para encontrar a los niños. “Era la única manera de llegar a las madres, ya que los tienen metidos siempre en casa”, explica Alima. Todos los vecinos saben donde vive algún niño con discapacidad. Muchos creen que ésta es contagiosa, por lo que evitan el contacto con esos pequeños. “Mi cuñada me dijo que mi hijo era un vampiro”, le contaba una de las madres. El vídeo (ver arriba) es un recorrido por la historia de Alima Ngoutme y su travesía para hacer llegar su mensaje a otras madres de niños con discapacidad mental en Camerún. "Ojalá podamos construir la primera escuela de educación especial para ellos y sus madres", concluye Ngoutme.

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Fuente: EL PAÍS - EDUCACIÓN