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05 diciembre, 2018

¿Para cuándo un uniforme único para niños y niñas?

Galicia da la opción a las chicas a llevar pantalón si lo desea. Ahora, la cuestión es si a través del uniforme se siguen perpetuando estereotipos y cómo solucionar el problema

Galicia será la primera comunidad autónoma en regular la eliminación de la falda obligatoria para las niñas en los centros escolares que exigen uso de uniforme. La regulación es una novedad, pero no lo es la práctica, ya que algunos centros de enseñanza, tanto privados como públicos, ya daban la libre elección de vestimenta a las alumnas. Para Alba Alonso, maestra y gran divulgadora de la educación libre de estereotipos a través del proyecto Realkiddys, es una medida que llega algo tarde. “La sociedad ya ha dado el paso y ya hay colegios que, gracias a iniciativas de madres y padres, han decidido dar el paso y permitir el uso de pantalones en las niñas. Pero desde luego hacerlo oficial animará a muchos más centros a adherirse a ello y seguro que más comunidades acabarán reproduciendo la idea”, opina.

Los colegios SEK International Schools iniciaron el pasado mes de septiembre un proyecto piloto en este sentido en uno de sus colegios, el madrileño SEK International School Ciudalcampo. En él, las alumnas de Secundaria y Bachillerato pueden elegir desde este curso si quieren hacer uso de pantalón o de falda, una medida que se extenderá al resto de centros para el curso 2019-2020. Desde el colegio informan de que el objetivo es “fomentar la igualdad entre chicos y chicas, y eliminar diferencias entre sus roles” y dicen que esta opción ya cuenta con una amplia aceptación entre las alumnas.

Mucho antes, desde el curso 2003-2004, en el colegio público Monte de El Pardo de Madrid las alumnas de todas las etapas pueden elegir entre ambas vestimentas. Así lo reflejan en su web: el uniforme de las niñas, falda o pantalón gris con polo blanco. Los niños pueden optar entre pantalón largo o corto gris y polo blanco. Contaba su directora, María Teresa García Martín, en otro artículo sobre el uniforme como prenda de discriminación sexista, que la elección del pantalón es más habitual entre las niñas de menor edad pero que a medida que van creciendo, disminuye la opción de pantalón.

Cuenta Alba Alonso que los uniformes escolares comenzaron a utilizarse en las escuelas pertenecientes a órdenes religiosas durante el siglo XVI con el objetivo de distinguir entre pobres y ricos. Actualmente, en pleno siglo XXI, reconoce que los uniformes están lejos de aquella diferenciación y se busca con ello otras finalidades que van desde opuestos como el elitismo o el ahorro económico de las familias. Sin embargo, la cuestión ahora es si a través del uniforme se siguen perpetuando estereotipos y cómo solucionar este problema ya que, si pretendemos educar en igualdad, ¿les obligamos a diferenciarse con la obligatoriedad de faldas y pantalones?

“A través del uniforme es muy claro que sí se hace. No hay opciones. La falda impide movilidad, dinamismo. Es otra manera de restar acción a las niñas y que acaben siendo más pasivas mientras ven cómo ellos suben a todas partes. La falda puede ser una opción, pero nunca debería ser una obligación. En el caso de las escuelas que no demandan uniforme también observamos a niñas cuyos "modelitos" les restan no solo movilidad, sino autonomía y comodidad” responde Alba Alonso.

Comparte este argumento Charo Altable, profesora emérita que actualmente realiza cursos de formación sobre igualdad y miembro de la junta directiva de la Asociación por la coeducación, para quien la falda no debe ser nunca obligatoria: “Las mujeres, y esto vale también para las niñas y adolescentes, hemos elegido y elegimos muchas veces los pantalones por comodidad, para poder correr, saltar y sentarnos como queramos y para vencer al frío. No tiene sentido que la falda sea obligatoria en los uniformes de escolares y debería ser siempre opcional”. Cuenta Altable que los chicos también deberían poder hacer lo que deseen en ese sentido y que acabar con la falda obligatoria para las niñas y jóvenes “es un gesto que ayuda a no discriminar”.

Destaca Alba Alonso que, aunque actualmente en nuestra sociedad los niños no visten faldas, le parece correcto que un niño “desee expresar su género llevando una falda”. Sin embargo, cree que aún queda camino por recorrer como sociedad en este sentido, como “también hubo un tiempo en el cual niñas y mujeres no llevaban pantalones”. Y es que, lo cierto es que hubo que esperar a pasar la mitad del siglo XX para que la moda femenina incluyera el pantalón como una prenda más a disposición de las mujeres.

¿Sería un uniforme neutro la solución más adecuada? “En el momento que das opciones para todos ya lo haces neutro. Un uniforme debe ser cómodo, práctico en su limpieza y planchado porque se va a usar con mucha frecuencia y acorde a la meteorología. Que niñas y niños no puedan llevar pantalón corto en verano no tiene sentido. Que las niñas tengan que llevar falda cuando hace un frío que pela tampoco es lógico. Más que neutralidad lo que necesitamos en esta sociedad es sentido común”, responde la fundadora de Realkiddys.

Más allá va Agustín Zaragozá Granell, profesor de Filosofía en el IES Blasco Ibáñez de Cullera (València) y agente de igualdad de la Asociación para la coeducación, quien considera que ninguna imposición es positiva y cree que el alumnado debería elegir libremente su vestimenta: “La imposición de la falda a las chicas ha sido una de las marcas de género significativas en una sociedad patriarcal y machista. La alternativa más inteligente consiste en dar libertad a las chicas y chicos para que escojan su estilo propio, que es, en cierto modo, la apuesta por la diversidad. La uniformidad siempre maltrata a la libertad. Es maravilloso entrar en el aula y ver una juventud plural, diferente, heterogénea, distinta, cada cual con sus particularidades”.

Vivimos en una sociedad que abraza estereotipos de género; estereotipos que modifican nuestras conductas y que, por tanto, tienen consecuencias en el futuro. Ya desde la infancia la familia como primer agente de socialización de los niños y las niñas se convierte en un importante transmisor de estereotipos. Después, la escuela, el otro lugar en el que construyen sus valores y su personalidad a través de los que son allí sus referentes: maestros y compañeros.

Parte de la solución al fin de los estereotipos pasa para Charo Altable por la coeducación en las escuelas, un proceso que se inicia con el diagnóstico y el análisis de la práctica escolar y de los contenidos, para después elaborar “un plan de intervención sistemática sin las barreras de los estereotipos de género, hacia una construcción común y no enfrentada”. Señala Agustín Zaragozá que la escuela sigue anclada en “un paradigma educativo machista” y que la coeducación es la herramienta necesaria para combatirlo. “Nos faltan mujeres en los libros de texto y el machismo impregna el día a día. Lo vemos en los patios –que siguen bajo la tiranía del fútbol–, en que apenas hay un compromiso firme contra la violencia de género o en que las chicas siguen recibiendo mensajes sexistas”, cuenta.

¿Están las escuelas preparadas para educar en igualdad de género? Responde Alba Alonso que hay una parte del profesorado que está haciendo grandes esfuerzos por coeducar. Menciona que en Facebook hay un grupo llamado "Claustro Virtual de Coeducación" donde se comparten recursos, se solventan dudas y se hacen propuestas interesantes relacionadas con esta temática; grupo que fue el germen del primer Congreso Internacional en Coeducación y Género celebrado el pasado mes de octubre en el auditorio de la Universidad Carlos III. Sin embargo, afirma que en el mismo grupo también se constata el desaliento de algunos docentes que no tienen apoyo en sus centros o que comparten el camino con docentes que “aunque no ponen impedimentos, actúan como si eso no fuera con ellos”. Para Alonso, “aún muchos docentes piensan que educar sin estereotipos de género es algo de la profe "de igualdad" del cole o bien únicamente para poner un check en la actividad de los días 25 de noviembre y 8 de marzo”.

Y no sólo las escuelas. La reeducación de las familias en cuanto a estereotipos para acompañar el trabajo de los maestros es fundamental. “La educación de la escuela y la de casa deben ir de la mano, es un trabajo en equipo. Pero no siempre ocurre así. Por eso formar a padres y madres es un paso que nos queda por hacer. Son tan importantes como el profesorado en esta lucha contra los estereotipos. En muchos casos es simple dejadez y desconocimiento de lo negativos que son los estereotipos y la educación diferenciada por sexos, por eso nuestra labor es que la coeducación llegue a todas las esferas, que traspase el aula”, concluye Alba Alonso.

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Fuente: EL PAÍS - EDUCACIÓN