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15 diciembre, 2018

Qué hacer para que tus hijos prefieran el brócoli a las 'cupcakes' (y olviden las rabietas)

Conseguir que los niños coman sano y no se amotinen en la mesa requiere esfuerzo, pero está al alcance de todos

Evitar el inminente motín infantil a bordo de la mesa familiar es muy sencillo: solo hace falta autoridad, tener mano dura en un guante de seda. El problema es cómo hacerlo, y en eso la psicología tiene las claves. Ganarse el respeto de la progenie y conseguir que coman sano, además de sin berrinches, no se consigue en cinco minutos. Pero es posible. Si sigues los consejos de los psicólogos, a quienes los problemas de la crianza nunca son ajenos, notarás los resultados.

Condenar al ostracismo a los alimentos señalados por las modas (unas buenas, otras, no tanto) es una decisión que no debe tomarse a la ligera. "La comida tiene un punto de adicción basado en la recompensa: cuanto más me prohíben algo que otros disfrutan, más lo deseo, y cuando obtengo eso que me prohíben, me engancho", explica la psicóloga infantil Bárbara Zapico. Es un problema serio, pues cada vez es más frecuente que las familias opten por excluir opciones que no pasan su control de calidad, añade Zapico.

En nutrición, como en todo, rige la paradoja de los extremos, como refleja un estudio de la Universidad de Sheffield, en Reino Unido, que asocia estas prácticas a problemas de obesidad y trastornos de la alimentación en la edad adulta. El razonamiento es que la prohibición impide a los niños aprender a relacionarse con la comida que puede ser perjudicial y con la que va a encontrarse a lo largo de la vida.

"Llevar las restricciones al extremo, no permitir elegir en ninguna circunstancia, puede ser contraproducente a largo plazo, porque impide consolidar una buena relación con los alimentos saludables. El enfoque debe ser basar la dieta en frutas, verduras, legumbres, carnes y pescados, y conceder el menor espacio posible a los alimentos superfluos. Pero no buscar una restricción total", explica Teresa Ureta, dietista y nutricionista de la Academia Española de Nutrición y Dietética.

"Si las familias no ponen normas y límites en la alimentación, transmiten el mensaje a sus hijos de que pueden hacer lo que les dé la gana", advierte la psicóloga infantil Bárbara Zapico. Sí, los horarios de trabajo infernales pueden motivar patrones perjudiciales, cuando la cena es el único momento para estar juntos y se convierte, de manera diaria, en un foco de rabietas. Y sí, es verdaderamente frustrante; pero la respuesta no puede ser abrir un paquete de salchichas o de natillas para que el niño se calle. Más vale una semana rojo que mil coloradas.

Ayudar a los niños a elegir su comida reduce su riesgo de obesidad, según la Asociación Americana de Pediatría

Por mucho que practiques la escucha activa, un método para aplacar berrinches que ha llegado hasta la educación de la realeza británica, te enfrentas as un reto mayúsculo. "Hay multitud de estudios señalan que los ultraprocesados están diseñados para que nos gusten", apunta la nutricionista Teresa Ureta. Son rivales poderosos, así que llevar a tu terreno a los elementos discordantes puede ser cuestión de ceder, pero tratando de hacer comprender al ofuscado comensal que vas a hacerlo en terrenos saludables. Por ejemplo, puedes dejar que elijan el tipo de legumbre que prefieren, o que decidan entre una carne guisada o a la plancha, que se pronuncien sobre la verdura que habrá en el menú o escojan la fruta que más les seduce.

"Es una buena medida siempre que se centre una dieta variada formada por verduras, frutas, legumbres, pescados, carnes y en unas cantidades adecuadas", comenta Ureta. Este enfoque, además de ahorrar unas cuantas quejas de los churumbeles más protestones, ha sido sometido a estudio por la Asociación Americana de Pediatría, una institución que lo vincula con un menor riesgo de desarrollar obesidad en la etapa adulta.

La mesura en el comer, da más vida que placer. Si este refrán existiera, recogería el punto de vista desde el que actualmente miramos a los alimentos: nos encanta el sabor, la exageración vende y, si vivimos en una ciudad mediana, podemos disfrutar de un banquete instantáneo, a cualquier hora del día… Pero comer poco está de moda. La promesa de vivir cien años y evitar todo tipo de enfermedades alimenta el interés en dietas como la del ayuno intermitente, probablemente la dieta qiue más ha triunfado en 2018. Si valoramos tanto la mesura, ¿por qué insistimos en que los niños no deben dejar nada en el plato?

Los cursos de cocina son muy educativos siempre que se centren en alimentos saludables

Para la nutricionista Teresa Ureta, lo de dejar los platos limpios "es una idea peligrosa" porque es importante prestar atención al sistema por el que el organismo regula las sensaciones de hambre y saciedad. "Identificar el hambre física, y saber distinguirla de la emocional o rutinaria, es primordial para regular la cantidad de alimentos que ingerimos. Los bebés son un claro ejemplo de esto. Saben distinguir entre hambre y sed y cuándo necesitan o han tomado suficiente leche", dice.

Implicar a los niños en la cocina también es una forma de ganar puntos, lo que hace de los cursos de cocina infantiles un educativo momento de ocio. Eso sí, según Ureta, "son útiles siempre y cuando se basen en alimentación saludable". O sea, que nada de aprender a hacer cupcakes, esferificaciones o experimentos con nitrógeno líquido. De paso, los padres pueden aprovechar para explicar que cocinar conlleva un esfuerzo que hay que respetar, o para descubrirle la cocina de la abuela, que ahora vuelve a ponerse de moda.

Otra idea a desterrar es la que sustenta el clásico castigo de dejar para la cena lo que el niño no ha querido e la comida, así como la de utilizar la comida como premio o castigo. Los especialistas interpretan estos métodos como un tira y afloja multiplicador de conflictos, y recomiendan, en su lugar, aprovechar la maravillosa creatividad humana: los libros de recetas infantiles, que acercan la comida a través de cuentos y que proponen emplatados temáticos para los niños, son una opción interesante. Si tu hijo te dice que son una tontería, diles que lo haces porque les quieres (y no te eches atrás: también lo haces por tu bien).

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Fuente: EL PAÍS - EDUCACIÓN