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14 diciembre, 2018

Andar a la intemperie ocho kilómetros por acosar a otros niños: ¿castigo ejemplar o polémico?

Un padre de Ohio cuelga un vídeo de su hija de 10 años andando hasta el colegio como escarmiento, tras hostigar a otros alumnos en la ruta escolar y ser expulsada tres días

Hace unos días se publicaba en este medio una entrevista con Lorena García Vega, experta en educación infantil, en la que aseguraba que los castigos reiterados y frecuentes producen consecuencias negativas en los niños y les hacen sentir muchas veces resentimiento, humillación o frustración. Es más, la especialista señalaba que del error se aprende y que lo mejor era tener paciencia. Todo un reto sin duda para muchos padres y para mí como madre también. ¿Cómo controlar situaciones extremas o puntuales? Por otro lado, el pasado 6 de diciembre, un padre de Ohio (Estados Unidos), Matt Cox, colgó un vídeo en el que se le ve a su hija de 10 años andando ocho kilómetros a la intemperie y con unos dos grados de temperatura. ¿Qué había hecho la menor? Según explica el propio progenitor, la niña había sido expulsada del colegio tres días tras un episodio de acoso en la ruta escolar. "El bullying es inaceptable. Se ha burlado de sus compañeros y esta es la segunda vez que ocurre", explica el padre.

Ha habido toda clase de reacciones en Internet tras la publicación del vídeo. Dejando aparte a los que critican el hecho de que este padre está violando la intimidad de su pequeña al colgar el castigo en las redes sociales, hay muchos que, efectivamente, han aplaudido su comportamiento. Es más, lo han defendido con argumentos de que su actuación es recta y rigurosa: “Parece que va bien abrigada y su padre está vigilando todo el rato que no le pase nada. Es fantástico !Espero que haya aprendido!”. Mientras otros usuarios se preguntan si el hecho de colgar las imágenes es o no un acto de acoso y humillación hacia la menor. “Tiene sentido, porque los niños deben ser conscientes de las consecuencias de sus actos. Pero no soy muy fan de avergonzar a los niños en las redes sociales” u otro usuario que señala: “¿No es subir el vídeo de tu hija en Facebook, un acto de acoso hacia tu propia hija?”

A pesar de los críticos y los defensores, para el padre el acto ha sido todo un éxito. Según él mismo relata en un post posterior, el castigo ha tenido el efecto buscado: “¡Lección aprendida! Ella sigue teniendo sus extremidades intactas; está sana y saludable y parece que su visión acerca del acoso ha cambiado para bien #stopbullying”.

Esta no es la primera vez que salta una noticia con este tipo de castigo. El pasado marzo, Bryan Thornhill, que se describía en sus redes sociales como "un padre, un marido y un dueño de un negocio pero, sobre todo, un hombre temeroso de Dios que no es perfecto", decidió que su hijo tenía que ir corriendo dos kilómetros hasta la escuela, tras descubrir que el menor, también de 10 años, hacía bullying a sus compañeros de la ruta escolar y fue expulsado.

En mi opinión, ser padre es complicado. A veces tienes toda la teoría aprendida y te equivocas, o tu hijo hace cosas que no entiendes, que a lo mejor son irracionales desde tu perspectiva y entonces te llevan al límite y tú pierdes el control. Es difícil, y no me siento en la posición de ser categórico a la hora de decirle a un padre si es bueno, malo o regular castigar de forma puntual a su hijo. Lo que sí creo seguro es que el castigo físico no es la solución y que llama a la violencia. Y la ciencia me avala. Ya en 2012, por ejemplo, un estudio de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos concluía que “la evidencia es clara y el castigo físico solo consigue riesgos en el desarrollo del menor. Hacemos un llamamiento a los padres para que busquen alternativas distintas y positivas cuando tengan un problema con sus hijos”. O, por ejemplo, cuando el pasado 30 de Noviembre Francia aprobó una proposición de ley para prohibir cualquier tipo de castigo corporal a los niños, incluidos los cachetes que algunos padres defienden para educar a sus hijos. También mencionan en la regulación el prohibir la violencia verbal, psicológica, las reprimendas corporales o la humillación. Parece que, cada vez más, el castigo físico es cosa del pasado.

En cuanto al castigo no físico, creo que este nunca debe ser reiterativo. Yo creo que es la última medida. Aplicarlo sin sentido, de forma aleatoria o constante hace más mal que bien y no debe ser la herramienta recurrente para que el niño aprenda. Porque la evidencia señala que cuando el castigo es por todo, todo el rato, el menor no aprende.

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Fuente: EL PAÍS - EDUCACIÓN