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17 diciembre, 2018

Conducta agresiva en niños: cómo reconocerla y gestionarla

El comportamiento violento en un menor es la señal de que necesita ayuda para controlar sus emociones

Un niño que se enfada de vez en cuando no es violento. Pero, cuando a partir de los siete años y de manera habitual el pequeño muestra conductas violentas como insultos, golpear objetos o personas y faltas de respeto para resolver determinadas situaciones, podemos hablar de que utiliza la violencia en la relación con su entorno. “Estos comportamientos se dan en un contexto en el que el niño presenta una dificultad evidente en la gestión de sus emociones o se trata de conductas aprendidas por imitación de los adultos o de dinámicas familiares en las que los conflictos o los desencuentros se abordan de manera violenta”, comenta Carla Valverde, psicóloga clínica del Centro de Salud Mental de Alcobendas.

Conviene tener en cuenta que no existen niños violentos sino conductas agresivas. “De esta forma, evitamos colocar al pequeño la etiqueta de violento o agresivo, que tiene importantes consecuencias para el concepto de sí mismo y su autoestima. Hay niños más sensibles que otros, a los que les cuesta más regular sus emociones y tardarán más tiempo en conseguirlo. La intensidad con que cada niño siente las emociones es diferente. Los hay que toleran mejor que otros las frustraciones. Es clave ayudar al niño a entender que existen otras formas de expresar sus enfados y para ello es fundamental el ejemplo de los adultos”, explica la psicóloga Carla Valverde.

La conducta agresiva en los niños es una clara señal de que necesitan ayuda para gestionar sus emociones. “Somos los adultos quienes tenemos que descubrir qué les ocurre y porqué, así como ofrecerles modelos de comportamiento respetuosos. Nadie se defiende si no se siente inseguro, con miedo, una autoestima muy baja o imita un comportamiento adulto basado en respuestas violentas. El primer derecho de un menor, debería ser el de la paz. Todos los demás se tambalean si este no los sostiene.”, explica María José Lladó Sánchez, psicopedagoga del centro ACIMUT y orientadora psicopedagógica de la editorial Kolima.

Los modelos sociales y familiares influyen en los niños. “Si los adultos abandonamos los comportamientos tóxicos, resolvemos los desacuerdos sin agresiones emocionales, como gritos o insultos y ponemos límites sanos sin utilizar castigos, el niño se comportará del mismo modo. Se trata de respetar la individualidad del niño, aceptar su proceso de maduración y acompañarle en el camino de su desarrollo como persona”, añade la psicopedagoga.

Las consultas de padres preocupados por el comportamiento agresivo de sus hijos son habituales. Pero, ¿qué conductas avisan de que el niño ha adoptado la violencia como forma de actuar y gestionar determinadas situaciones, como la frustración por no conseguir lo que quiere? Algunas de ellas son:

-El niño protesta por todo.

-Está la mayor parte del día enfadado.

-Tiene conductas agresivas y desafiantes: gritos, golpes, insultos, portazos, patadas.

- Las conductas agresivas persisten con más de siete años. El desarrollo del niño incluye etapas, como alrededor de los dos años, en que tiene rabietas porque está en proceso de aprender a ajustar y gestionar sus emociones. A partir de los siete años, el niño aprende a moldear la conducta violenta, aunque se enfade de manera puntual y lo exprese sin agredir.

Desde casa, podemos ayudar a los niños a manejar de manera adecuada la fiera que todos llevamos dentro. La psicopedagoga María José Lladó Sánchez y la psicóloga infantil, Carla Vaverde, hacen varias recomendaciones al respecto:

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Fuente: EL PAÍS - EDUCACIÓN