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20 diciembre, 2018

Pasión por la investigación

Fue en quien confió Escrivá de Balaguer para llevar a cabo el proyecto de la Universidad de Navarra

El 16 de diciembre falleció en Pamplona a los 96 años el profesor Ismael Sánchez Bella, el pionero en quien confió Josemaría Escrivá de Balaguer para llevar a cabo el proyecto de la Universidad de Navarra, que, aunque nació pequeño en 1952, llevaba en sí el germen de una institución de relevancia universal.

Bien es cierto que hasta entonces la vida universitaria de don Ismael —como le conocíamos— ya había sido muy brillante. En 1940, comenzó sus estudios de Derecho en la Universidad de Valencia y los completó en la de Sevilla. La lectura del Tratado de Historia del Derecho Español de Alfonso García-Gallo influiría decisivamente en su orientación profesional hacia la historia del derecho.

En Sevilla, se especializó en la recién fundada Escuela de Estudios Hispanoamericanos en la historia del derecho indiano, y tomó contacto con el que llegaría a ser para él un foco de atracción permanente: el Archivo General de Indias. En 1946, se trasladó a Madrid y se doctoró un año después con una tesis sobre los organismos administrativos de la Real Hacienda Indiana.

En 1949, obtuvo por oposición la cátedra de Historia del Derecho de la Universidad de la Laguna, pero apenas tuvo tiempo de tomar posesión de su plaza, pues el 11 de marzo de 1950 se marchó a Argentina para comenzar la labor del Opus Dei en aquellas tierras. Durante los dos años que permaneció en Argentina se hizo cargo de la cátedra de Historia de España en la Facultad de Filosofía y Letras de la naciente Universidad del Litoral, de Rosario.

Fue en julio de 1952 cuando regresó a España para iniciar el sueño universitario de Escrivá. Los dos primeros cursos, además de profesor ordinario de Historia del Derecho, fue el director de la Escuela de Derecho y, desde 1954 hasta 1960, rector del Estudio General de Navarra. Desde ese año, en que la Universidad de Navarra se erigió como tal, hasta 1986, siguió prestando sus servicios como vicerrector. En julio de 1985, fue nombrado presidente de la junta directiva de la Asociación de Amigos de la Universidad de Navarra, cargo que desempeñó hasta febrero de 1998.

Cuantos hemos tenido la fortuna de coincidir con él en la Universidad de Navarra pensamos que Escrivá de Balaguer dio con la persona adecuada para emprender una empresa que se presentaba como una locura para la gente sensata: establecer en la España de la posguerra, sin contar con medio económico alguno, una genuina universidad no estatal. Porque don Ismael, además de contar con una inteligencia preclara y un talante optimista a prueba de bombas, era una persona con un profundo sentido sobrenatural que confió en Dios para acometer la tarea.

La Universidad de Navarra le debe muchas cosas, pero quisiera fijarme en dos. La primera es la pasión por la investigación: él la tenía innata y dio un ejemplo relevante al compaginar la dedicación a los trabajos del gobierno académico con una entusiasta tarea investigadora en el ámbito de la historia del derecho indiano y de las instituciones indianas. Recuerdo con agradecimiento cómo nos animaba a quienes componíamos la junta directiva de la Escuela de Ingenieros de Sebastián para que enviáramos a jóvenes ingenieros a formarse en centros de excelencia de todo el mundo con el fin de que luego pudieran incorporarse como profesores.

Y la segunda, su preocupación por las personas que forman parte de la universidad: profesores, investigadores, estudiantes, personal de administración y servicios, antiguos alumnos, amigos...

José María Bastero de Eleizalde fue rector de la Universidad de Navarra entre 1996 y 2005.

Fuente: EL PAÍS - EDUCACIÓN