Noticia
25 diciembre, 2018

La abuela que vende juguetes desde la comarca de Monegros

A Montserrat Foguet, de Huesca, su metamorfosis profesional se la trajo hace dos años su nieto Sergi. Llegó con una tienda 'online' de juguetes bajo el brazo: Ecodukatoys

Para muchas mujeres la maternidad supone una auténtica metamorfosis, también en lo laboral. Unas veces llega de forma natural, como si su álter ego estuviera esperando oculto en algún lugar del cuerpo y aprovechara el parto para salir. Otras, por pura necesidad, quizás por un horario incompatible con la vida. A Montserrat Foguet, su metamorfosis profesional se la trajo hace dos años su nieto Sergi. Llegó con una tienda en línea de juguetes bajo el brazo: Ecodukatoys, un proyecto que empezaba a andar en noviembre de 2016 en Villanueva de Sigena, un pueblo de poco más de 500 habitantes perteneciente a la comarca oscense de Monegros.

Hasta entonces a Montserrat podíamos encontrarla como guía en la casa natal del científico aragonés Miguel Servet, una ocupación que compaginaba con las clases de francés que daba a niños en una academia fuera del pueblo. Fue el deseo de estar más tiempo con su familia –sobre todo ante la perspectiva del nacimiento de su primer nieto– lo que la llevó a buscar un cambio. “El trabajo de guía me obligaba a pasar todos los fines de semana y festivos fuera de casa, pero yo quería disfrutar del regalo de ser abuela. No podía perderme esos momentos en los que todos nos reunimos”, explica esta abuela catalana de 55 años que con apenas 20 ya cambió un entorno urbanita por una región que lucha contra la despoblación. Por aquel entonces su primer hijo ya había cumplido los dos años. A este, le siguieron dos más. Y, aunque reconoce que la vida rural también tiene muchas aristas, no se arrepiente de su decisión: pudo volcarse en la crianza de forma libre y consciente, sin ese ritmo frenético de la ciudad que te devora, y sus tres hijos han podido crecer con esa libertad que solo otorgan los pueblos pequeños.

En el plano más personal y familiar, Ecodukatoys ha significado para Montserrat ganar flexibilidad: ha podido adaptar el trabajo a sus necesidades, y no sus necesidades al trabajo. Pero, además, le ha servido para actualizarse y ampliar su mirada a la infancia: “Emprender con una tienda de juguetes te pone en contacto con las nuevas generaciones de padres y madres y con nuevos puntos de vista de entender la educación y la crianza. Ha sido un poco como una renovación”.

Su interés por la educación no es nuevo. Ya como guía de un museo como el de Miguel Servet, Montserrat sentía que era muy complicado introducir a los niños en la historia y lograr estos se interesaran por lo que estaba contando, así que comenzó a investigar las nuevas propuestas pedagógicas y cómo podía llevarlas a una visita museística. Encontró la fórmula: haciéndoles partícipes de la visita, del museo, para que dejaran de ser simples espectadores. “Cuando decidí dejar el museo fue casi espontáneo continuar con una actividad relacionada con la infancia. El mismo punto de vista con el que trabajaba en el museo lo trasladé a la tienda en línea de juguetes: quería llegar a los niños, pero no de cualquier manera, sino con juegos y juguetes que les aporten juego, creatividad, emoción… Todas esas cosas que un niño tiene dentro”.

Para que un juguete forme parte de Ecodukatoys, al menos debe incluir dos de estas cuatro máximas que son ya sus señas de identidad: que sean pedagógicos, creativos, originales y sostenibles. “La mayoría de nuestros juguetes cumplen las cuatro y nos tomamos mucho tiempo en encontrar los que según estas premisas nos parecen los mejores”, afirma Montserrat, para quien además es importante que los juguetes no respondan a modas ni a intereses de tipo puramente económico.

La mayoría son de madera, muy sencillos. No hay ni rastro de luces, sonidos ni colores estridentes para que durante el juego haya espacio para la creatividad y la imaginación. “Los juguetes de Ecoduka no quieren imponer una forma de ver el entorno, sino servir de plataforma para la expresión propia y personal de cada niño y niña: la creación y la imaginación favorecen un crecimiento equilibrado y completo”, manifiesta en la web. Además, los juguetes deben responder a unas condiciones de producción más sostenibles para la naturaleza y la sociedad, siempre pensando después en no generar más residuos para el planeta. “Todos nuestros juguetes se pueden reciclar, aunque yo apuesto por que se reutilicen a través de la donación a hospitales, escuelas infantiles o espacios de juego, alargando así su vida útil muchos más años”, explica.

Lo primero que Montserrat hace cada mañana es responder los correos electrónicos que envían los clientes. Después revisa si hay consultas o mensajes en las redes sociales y da salida a los pedidos. Si hay nuevos juguetes que poner a la venta, se encarga de darlos de alta en la web haciendo una buena descripción. Sus hijos la ayudaron con la web, los textos del blog, las fotografías y siempre están ahí, aportando ideas. “Doy mucha importancia al contacto con la gente que llega a nosotros. No creo que por el hecho de ser una tienda en línea tenga que ser algo distante y frío, es algo que quiero desterrar de mi concepción de la tienda. Por eso cuido mucho la relación con ellos, atiendo todas las consultas, sigo los pedidos para asegurarme de que los clientes los reciben a su debido tiempo”, cuenta.

¿Lo pone fácil logísticamente hablando vivir en una zona como Monegros? “A pesar de la despoblación, de que cada vez los pueblos se van quedando más vacíos, estamos en un “cruce de caminos” y esto facilita mucho el transporte. En este sentido, no existe ningún problema”, responde. Es precisamente esa despoblación la que empuja a las administraciones locales a buscar incentivos que mantengan fija a la población que queda en un desierto demográfico como Monegros. “Con el asesoramiento de la Comarca de Monegros y la Cámara de Comercio de Huesca accedí a una subvención que otorgaba el Instituto Aragonés de Empleo (INAEM) para el establecimiento de nuevas empresas en el territorio. Se tenían en cuenta circunstancias como ser mujer, vivir en poblaciones de menos de 500 habitantes… Pero aún así no es fácil, las ayudas no son muy altas. Como en cualquier otro lugar donde se emprenda lo mejor que tienes es a ti mismo y la voluntad para llevar a cabo tu proyecto”. Un proyecto, el de Montserrat, que es el resultado de un compromiso personal con otra forma de hacer las cosas. “Tener una idea, llevarla a cabo y aceptar los riesgos supone emprender un viaje de superación personal no exento de incertidumbres”, concluye.

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Fuente: EL PAÍS - EDUCACIÓN