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31 diciembre, 2018

¿Año nuevo, vida nueva? Propósitos para compartir con los niños

Juego, flexibilidad, positividad y empatía, claves para plantear y compartir propósitos con los niños en el camino del año que comienza

El cambio de año suele tomarse como punto de partida para abrir caminos que han quedado pendientes. Los clásicos para los adultos son dejar de fumar, hacer más deporte y aprender idiomas, pero ¿y los niños? ¿Es aconsejable hacer lista de propósitos con ellos ante el nuevo año? Sí, siempre que se plantee como un juego; de manera positiva y flexible.

Los niños, sobre todo los menores de siete años, tienen un concepto del tiempo diferente del de los adultos, por ello es aconsejable hacer los propósitos con ellos “a muy corto plazo, porque a esta edad el tiempo es eterno y la noción de semanas y meses confusa; demasiado inabarcable. A partir de esta edad, es viable plantear a los niños logros a conseguir en el nuevo año”, explica Tristana Suárez, psicóloga clínica e infantil y terapeuta Gestalt psicóloga infantil.

No obstante, las propuestas, deben estar exentas de presión y exigencias; planteadas como cuestiones solidarias y comprometidas con respecto a temas como el cuidado del planeta al hacer un uso responsable del consumo del agua o “logros ilusionantes como ahorrar para una excursión, hacer un viaje juntos, aprender a cocinar algo rico, fabricar algún adorno bonito para decorar la casa o aprender un deporte nuevo. Es decir, objetivos realistas para evitar frustraciones innecesarias que desmotiven al niño”, comenta la psicóloga Tristana Suárez, que también recomienda flexibilidad y brevedad (alrededor de tres ideas) con los propósitos ante el nuevo año, de forma que se puedan revisar y alargar los plazos de tiempo para cumplirlos.

“La idea sería hacer un compromiso más consigo mismo que con los demás. Los niños ya tienen suficientes presiones externas que cumplir, por lo que es mejor no sobrecargar las cabezas ni las agendas infantiles. Al acabar el año, conviene valorar y retomar lo que ha pasado con esos propósitos, pero sobre todo lo que hemos logrado y cómo ha sido el proceso para conseguirlo, como el esfuerzo, las dificultades, los baches, las sorpresas y las ilusiones”, recuerda Suárez.

Lo mejor de plantear nuevos propósitos en relación con el nuevo ciclo anual es echar la vista atrás y disfrutar de lo aprendido, disfrutado y recorrido. “El nuevo año siempre se plantea como un punto de inflexión en el que nos invitan a pararnos o directamente nos surge de manera espontánea reflexionar sobre cambios que deseamos realizar, ilusiones o propósitos nuevos. Por esta razón, sería un buen momento para abordar estos deseos en función de la relación que nos gustaría tener con nuestros hijos. Esto, irremediablemente, nos obliga a tomar conciencia de en qué punto nos encontramos actualmente en la manera que tenemos de estar y ser con ellos y poner el foco en posibles carencias y dificultades así como en la forma en la que nos gustaría nutrir esta relación, para desde ahí, poder valorar qué podemos aportar o reforzar”, afirma Yasmina Rodríguez, psicoterapeuta infantil, de adolescentes y adultos.

La excusa de la entrada en el nuevo año puede resultar una buena oportunidad para “sentarnos con nuestros hijos, escucharles y generar cambios, enfocados a la relación con ellos. Darles voz, para permitirles expresar qué necesitan de nosotros. Cuando das voz al niño, solo aparecen dos únicos deseos, el tiempo y el juego, a poder ser compartido. Por tiempo, no se refieren a estar 10 minutos al día con ellos al final de nuestra jornada laboral. Implica estar y eso se relaciona con nuestra atención, presencia y escucha. En esta pequeña lista de deseos de nuestros hijos, es importante escuchar sin interrumpir, recibiendo con amor y gratitud el hermoso regalo que ellos nos hacen y que podemos valorar, quizás con el tiempo, como un regalo de crecimiento en nuestra difícil tarea como padres, algo que aporta y añade en la relación con ellos”.

La expresión oral de las emociones de los niños a terceras personas no siempre les resulta sencilla, si no están acostumbrados a hacerlo por diferentes circunstancias. “Una manera de facilitar esta comunicación emocional sería, en lugar de utilizar la vía de la palabra, a través de algún medio menos directo, como una carta o un dibujo sobre sus nuevos propósitos para el nuevo año. Se podría tener presente de manera visible en algún lugar de la casa, de manera que el niño pueda añadir o rectificar algo de lo expresado en su momento y también para que no caiga en el olvido. Esta oportunidad de poder añadir también ayuda a la hora de dotarle a nuestros deseos de la capacidad de movimiento; pueden cambiarse y no son estáticos. De esta manera, se ayuda a la familia a tomar conciencia de ellos y se le confiere un lugar de importancia y trascendencia”, aconseja la psicoterapeuta, Yasmina Rodríguez, que apunta su propio propósito para el nuevo año, “Ojalá que nos permita tomar conciencia de las necesidades emocionales de nuestros pequeños, bien en forma de objetivos y propósitos o, simplemente, parándonos unos instantes para sentir lo que ellos necesitan de nosotros como adultos”.

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Fuente: EL PAÍS - EDUCACIÓN